DE POBREZA A RIQUEZA

Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que, aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos. 2 Corintios 8:9

El mundo está lleno de historias de personas que llegaron a ser muy ricas. Quizás inventaron algún software o hicieron las inversiones acertadas en el mercado de acciones. De vez en cuando, leemos también sobre personas que lo perdieron todo; por algún capricho del destino o por sus propios errores, terminaron en un tribunal de bancarrotas.

Jesús perdió toda su riqueza. No, eso no es exacto; Jesús entregó todas sus riquezas. Él pudo haber venido con la más espléndida corona de oro en su cabeza, con las joyas más costosas en sus dedos; pudo haber desfilado en una gloria que solo el cielo conoce y que el mundo jamás ha visto. Pero, en lugar de eso, Jesús cambió su corona de oro por una de espinas, su trono de gloria por la cruz de sufrimiento. Incluso entregó su santidad y llevó a cuestas todos mis pecados. ¿Por qué tanta pobreza? El versículo nos lo dice: “por causa de ustedes se hizo pobre”. Jesús se hizo pobre por su amor por mí, el pecador.

Miren lo que yo gano con su pobreza: ya no tengo que enfrentarme al infierno, donde tendría que sufrir por cada pecado, no pagando una condena aligerada, sino el castigo completo por siempre. En cambio, tengo el anillo de diamantes del perdón de Jesús en el dedo de la fe. En cambio, espero una corona de gloria al lado de Jesús en el cielo. He llegado a ser rico. No, cambio eso, para que diga: Dios me ha hecho rico haciendo pobre a su Hijo, por mí.

Oración:

De riquezas nos llenó Cristo en su pobreza. Alabad al que cumplió Fiel su gran promesa. Amén. (CC 12:3)