AMONESTACIÓN PARA EL ARREPENTIMIENTO

Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes diciendo: «Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas». Pero ellos no obedecieron, sino que se obstinaron tanto como sus padres, los cuales no creyeron en Jehová, su Dios.

– 2 Reyes 17:13-14 (RVR1995)

«No hay peor sordo que el que no quiere oír» sentencia el dicho y es verdad. La gente del Israel antiguo no solo descuidó la lectura y el estudio de las Escrituras, sino que abiertamente se hundió en la idolatría. El escritor de este capítulo de 2 Reyes confronta al pueblo denunciando el pecado de ellos:

* Adoraron las imágenes de Asera, es decir, los postes en los que ellos labraron el símbolo de la diosa de la fertilidad femenina. Esa era la diosa que supuestamente hacía que la tierra produjera las cosechas. La adoraban quemando incienso y por medio de una forma de fornicación sagrada.

* Adoraron los becerros de oro que Jeroboam había establecido en Betel y en Dan.

* Adoraron al ejército de los cielos, es decir: al sol, la luna y las estrellas.

* Adoraron a Baal, ídolo sediento de sangre que Jezabel había traído de Fenicia.

* Pasaron por el fuego a sus hijos e hijas como ofrendas a Moloc.

* Practicaron la hechicería y la superstición.

Con ellos Dios se mostró paciente y misericordioso y aun así ellos menospreciaron su palabra. No es que ellos no la conocieran (vea Levítico 18:3; Deuteronomio 4:19; 18:10). Simplemente la ignoraron deliberadamente. Aun así, una vez más Dios les llama al arrepentimiento. Lastimosamente ellos prefieren el pecado y sus consecuencias.

Lo mismo sucede hoy, con la diferencia que ya no se adora al becerro de oro sino directamente al oro mismo. Jesús dijo: «Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas» (Mateo 6.24).

Cuando permitimos que el afán de conseguir dinero y bienes se interponga con nuestra dedicación a Dios estamos ante el mismo pecado de idolatría por el cual merecemos toda la ira de Dios. Por los méritos de Cristo somos salvados de la condenación eterna. Por eso, en gratitud a la doble sustitución vamos a querer servir a Dios por encima de todas las cosas.

Oración:

Señor, líbrame de caer en la tentación de preferir cualquier cosa antes que a ti. En Cristo, concédeme un corazón dispuesto a servirte y amarte a ti por encima de todo. Amén.

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