SEÑALES ESPIRITUALES: LA SEÑAL DEL CREYENTE

Escrito está: «Creí, y por eso hablé.» Con ese mismo espíritu de fe también nosotros creemos, y por eso hablamos.

– 2 Corintios 4:13

Jesús dijo: «Si el árbol es bueno, dará buen fruto; si el árbol es malo, dará mal fruto; pues el árbol se conoce por su fruto. […] De lo que abunda en el corazón, habla la boca. El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en él, y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en él» (Mateo 12:33-35). Así enseñó que nuestra boca hablará lo que nuestro corazón cree. Por esto, lo que un creyente afirma que cree es importante pues es una señal, un signo, un síntoma de lo que hay en su corazón.

Para mucha gente el contenido de la fe, es decir, lo que se ha de creer no es muy importante y por eso les es irrelevante conocer el conjunto de enseñanzas de su iglesia o no. Por esto es común oír noticias acerca de reuniones de oración entre gente de doctrinas diametralmente opuestas. Ellos consideran que tales reuniones son una evidencia de amor espiritual. ¿Tienen razón?

La Biblia condena tal tipo de mezclas. El apóstol Pablo escribió una amonestación a los Corintios explicándoles que la Cena del Señor era comunión con Dios y que como creyentes no deberían tener esa clase de comunión con personas de otras creencias (1 Corintios 10:16-22). No solo la celebración de la Cena del Señor, sino el orar, cantar alabanzas y cualquier actividad que se realice con la intención de mostrar que hay unión entre personas de diferentes doctrinas puede provocar los celos del Señor. Pablo nos amonesta al respecto: «Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos» (Romanos 16:17).

La sana doctrina es la señal del creyente. No pensamos de nadie como hermano en la fe a menos que tal persona sea creyente en la sana doctrina. ¿Cómo sabemos si alguien cree en la sana doctrina? Por su declaración de fe. Puesto que los primeros cristianos expresaban su declaración de fe comenzando con la frase «Yo creo», que en latín se dice «credo», con el tiempo se usó esa expresión para identificarlas. Al ser señales de la fe del corazón llamarlas «símbolos» está bien.

Oración:

Creo en Ti, Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, Tu único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto, y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa iglesia cristiana, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida perdurable. Amén.