“María guardaba todo esto en su corazón, y meditaba acerca de ello. Al volver los pastores, iban alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo había sucedido tal y como se les había dicho” (Lucas 2:19,20).

¿QUIÉN ES ESTE REY RECIÉN NACIDO? —ES EL TESORO DE SU CORAZÓN

Las cámaras fotográficas y las videocámaras captan momentos de nuestra vida. Las fotografías antiguas avivan los recuerdos. Los padres reviven los momentos felices de cómo criaron a una familia. Tal vez estas fiestas navideñas pasadas usted agregó fotos e imágenes a sus apreciadas colecciones.

María fotografió y registró en su corazón los acontecimientos de la primera Navidad. Los atesoró. No los apreció simplemente como una nueva madre que mira a su niño recién nacido; los valoró como la sierva del Señor que ve el cumplimiento del plan salvador de Dios. ¡Qué inestimable tesoro para meditar acerca de él!

El Espíritu Santo nos ha mostrado la grabación de esta cinta. La palabra de Dios representa a Jesucristo, el tesoro de nuestro corazón. Vemos su nacimiento; seguimos su ministerio. Nos llenamos de pavor y de asombro al ver su muerte. Presenciamos su gloriosa resurrección. Miramos fijamente al cielo en su ascensión. ¿Permanecemos insensibles y desinteresados como si estuviéramos viendo una película que ya hemos visto muchas veces? ¿O atesoramos cada escena de la vida de Jesús y meditamos acerca de ella en nuestro corazón?

A medida que el evangelio de la Navidad le presenta a usted a su Salvador, recuerde que él es el tesoro de su corazón. Su corazón estaba como un páramo estéril, lleno de pecado y de odio. Mediante el bautismo, Jesús vino y formó su hogar en usted, llevándolo a la fe y lavando la culpa de todos sus pecados. Ahora su corazón es un inapreciable tesoro lleno de Jesús y de todas las riquezas que su misericordia trae. Medite acerca de este tesoro.

Entre más meditemos acerca del tesoro que es Jesús, más lo alabamos como lo hicieron aquellos pastores. Aunque la abuelita guarde como un tesoro el álbum de fotos, no lo esconde ni lo pone bajo llave. Lo pone en la mesita de la sala. Lo muestra con entusiasmo a todo el que entra para que ella pueda elogiar a sus hijos y a sus nietos.

Cuando atesoramos a Jesús en nuestro corazón, no lo ocultamos y lo ponemos bajo llave. Lo alabamos y glorificamos con palabras y acciones. Su sangre ha comprado las riquezas del cielo para usted y para mí. Él nos da este tesoro en el evangelio gratuitamente. ¿Necesitamos más motivos para alabar y glorificar a Dios en adoración y cada día de nuestra vida? Este Rey recién nacido es el tesoro de nuestro corazón.

Oración:

Señor Jesús, tú eres mi tesoro inapreciable. Guíame cada día para meditar sobre tus riquezas cuando reflexiono en tu palabra, y guíame para alabar tu gracia en tanto que vivo para tu gloria. Amén.