MI AMIGO FORTALECE MI FE

«Ésta, la primera de sus señales, la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él.» (Juan 2:11)

Mucho más grande que el milagro del agua convertida en vino fue el milagro invisible ese día de la boda. Como siempre, los milagros de Jesús no fueron para hacer una gran demostración ni deslumbrar a los que lo rodeaban; los milagros tenían el propósito de enseñarles a los pecadores a acudir a él en las más grandes necesidades de su alma. Los milagros fueron demostraciones poderosas de su capacidad para rescatar a las personas del pecado, de la muerte y del diablo. Aunque muchos no se dieron cuenta, los discípulos sí lo hicieron. La narración dice que: “sus discípulos creyeron en él.” Vea lo que el amigo celestial hizo por ellos: fortaleció su fe, se hizo más cercano y más querido para ellos, más precioso y más glorioso que nunca.

¿Queremos que se fortalezca nuestra fe y nuestra amistad con Jesús? Hay una manera, es una manera que el mundo desprecia y que incluso algunos amigos tibios de Jesús a veces desprecian. Cuando escuchamos su Santa Palabra en la iglesia y la leemos en el hogar, él envía el Espíritu para renovar nuestra fe. Cuando recibimos la Cena del Señor en su altar, él refresca nuestro corazón. Y por medio del milagro del Santo Bautismo, él nos promete y luego nos recuerda la promesa de que somos suyos y él es nuestro para siempre.

Jesús no viene como un invitado que quiere estar de visita, sino como un amigo que quiere quedarse. Y cuando lo hace, trae muy grandes bendiciones para nuestra fe.

Oración:

Ven, Señor Jesús, como invitado permanente a mi corazón y a mi hogar, con el fortalecimiento que traes para mi fe. Amén.