LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL

Traeré del cautiverio a mi pueblo Israel: ellos edificarán las ciudades asoladas y las habitarán; plantarán viñas y beberán de su vino, y harán huertos y comerán de su fruto. Pues los plantaré sobre su tierra y nunca más serán arrancados de la tierra que yo les di, ha dicho Jehová, tu Dios.

—Amós 9:14-15, RV95

¿Qué significan estas palabras? Primero, Dios en verdad trajo un remanente de Judá del cautiverio de Babilonia de regreso a la tierra de Israel. Pero los que regresaron no disfrutaron nada parecido a la prosperidad descrita en estos versículos. La cosecha que anuncia es tan fructífera que no ha terminado cuando la próxima siembra ya ha iniciado, eso significa que la producción es tan abundante que no hay tiempo para el conflicto. Segundo, el remanente que retornó tampoco permaneció por siempre en su tierra. Los romanos destruyeron el templo y Jerusalén en el año 70 d.C. En el año 135 volvieron a destruir lo que quedó de Jerusalén pasando el arado sobre ella. Por casi dos mil años los judíos han vivido exilados de aquella tierra donde no hay paz y la guerra es pan diario.

Es el Nuevo Testamento el que nos provee la clave para entender estas promesas. Dios dijo: «En aquel día levantaré la choza caída de David.» (Amós 9:11) así señala hacia la venida del Hijo de David, el Mesías (cf. Hechos 15:13-18). El texto de los versículos 13 al 15 que inicia con la afirmación: «Vienen días» es una descripción adicional de la era del Nuevo Testamento. Jesús ha enseñado que su reino no es de este mundo. Él, que reina por medio del evangelio en el corazón de los que son llevados a la fe por su Palabra, ha dicho: «Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz.» (Juan 18: 36,37). Las bendiciones de su reino son las bendiciones de salvación reveladas por su Palabra.

La promesa de Jehová en esta porción de Amós, no se refiere literalmente a abundantes cosechas ni a la sobreabundancia de vino, sino al perdón de los pecados y la vida eterna. Como cuando, después de un sermón nutritivo, se puede ser oída la expresión «¡Qué rico y abundante alimento se ha servido hoy!», así los profetas describieron las futuras bendiciones del reino de Cristo, las bendiciones de salvación, en términos de las bendiciones pasadas que el pueblo de Israel había disfrutado en la tierra prometida: casas, grano, fruto, y vino. Disfrutamos de los dones de Dios superabundantemente: el perdón de los pecados, familias creyentes, el consuelo en toda aflicción, la confianza de orar, el gozo al adorar, el privilegio de servir a Dios, la seguridad de que él nos mantendrá en la fe, pronto auxilio contra las tentaciones, la victoria sobre la muerte, la vida perdurable, Etc.

Oración:

Señor, te doy gracias porque por los méritos de tu Hijo Jesucristo gozamos de una gran cosecha de vidas salvadas por más de dos mil años. Gracias por tu misericordia al contarme entre ellos.  Amén.  

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