¿VIVO O MUERTO?

Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. 1 Juan 5:11,12

Todas las personas de este mundo encajan en dos categorías; las que están vivas y las que están muertas. Eso no significa las que todavía están respirando o las que están bajo el césped. Esta verdad es más profunda, se refiere a la única vida que cuenta y dónde se la puede hallar.

¿Cuál es la única vida que cuenta? Juan dice: “Dios nos ha dado vida eterna”. El Creador no me hizo solo para que mi corazón latiera unas cuantas veces por minuto y durante unos cuantos años; él quería que yo viviera por siempre. Él no me diseñó solo para existir sobre la tierra a través de las diferentes etapas de la vida, sino para terminar en la vida eterna. Sin esa vida eterna, estoy muerto para él. Puedo caminar y hablar, casarme y dar vida a otros, trabajar y jugar, pero no tengo la verdadera vida. Estoy muerto en incredulidad y condenado a un infierno que la Escritura califica de manera tan apropiada como muerte eterna.

¿Dónde obtengo la vida eterna? Juan responde: “Dios nos ha dado la vida eterna”. La vida eterna es un regalo inmerecido que nos da la misericordiosa mano de Dios, que me ofrece solo en su Hijo, Jesús. Dios envió a su eterno Hijo a la tierra a morir para que yo viva. Con el pago que Cristo hizo por el pecado, la muerte ha perdido su aguijón. Cuando Dios me lleva a la fe en Jesús, tengo vida ya en este mundo, y la tengo en toda su plenitud en el cielo. Pero solo por medio de Cristo; es tan imposible para mí tener la vida sin Cristo como lo es tener a Cristo sin tener la vida.

Oración:

Te doy gracias, Señor, porque me pusiste en la categoría de los que están verdaderamente vivos. Amén.