“Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no podrán vencerla” (Mateo 16:18)

CONFIESE QUE ÉL ES EL FUNDAMENTO SEGURO 

Nuestro versículo para hoy ha sido discutido tanto como cualquier versículo en la Biblia. La traducción en latín está inscrita en la cúpula de la Basílica de San Pedro en Roma. El Papa usa este versículo y el siguiente como parte de la base para afirmar que él debe gobernar la iglesia como sucesor de Pedro. Pero los que aseguran honrar al apóstol Pedro, deben leer y creer los comentarios que hace Pedro sobre estas palabras. En 1 Pedro 2:4,5, escribe: “Acérquense a él, a la piedra viva que los hombres desecharon, pero que para Dios es una piedra escogida y preciosa. Y ustedes también, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepte por medio de Jesucristo”

Como el mismo Pedro explica, la piedra viva que es el fundamento de la iglesia es Cristo mismo. Pedro, cuyo nombre significa “piedra”, no es el fundamento de la iglesia. Él preferiría morir a que afirmaran eso acerca de él. Es verdad que Pedro es una de las piedras fundamentales de la iglesia. Su confesión de fe en el Salvador mostró que él estaba edificado sobre el fundamento, que no es otro sino Cristo, el Hijo del Dios viviente.

En este sentido, somos como Pedro. No, no podemos ser apóstoles. Jesús solo llamó a unos cuantos hombres para ese oficio específico. Pero tenemos la verdad que fue revelada a los apóstoles. Esa verdad está escrita en el Nuevo Testamento. Todos los que comparten la confesión de fe de Pedro están, como Pedro, edificados sobre el fundamento, el cual es Jesucristo.

Si usted cree que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, si cree que él es su Salvador del pecado, si cree que Dios lo aceptó sobre la base de lo que Jesús hizo por usted, entonces forma parte de ese edificio que es la iglesia. Todo el que ha puesto sus esperanzas en Jesús no será decepcionado.

Las “puertas del Hades” no podrán vencerlo. El Hades, la antigua palabra griega para el “averno” o “el seol”, se usa en el Nuevo Testamento para referirse al pecado, a la muerte y al infierno. Desde las puertas de la ciudad pasan las fuerzas armadas que marchan a la guerra. Las fuerzas del pecado, de la muerte y del infierno —el diablo y todos los demonios— no pueden vencernos. Jesús derrotó al diablo, le dio una buena paliza, y lo derrotó permanentemente. Lo hizo en la cruz. También nos libró del pecado con su sangre y de la muerte con su muerte. ¡Alábelo por la victoria que ganó por nosotros! Confiese su nombre, y descanse seguro sobre el verdadero fundamento!

Oración:

Salvador, te agradecemos por poder descansar seguros en ti. Amén.

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