LA HISTORIA DE MI VIDA

Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.  1 Timoteo 1:15

Probablemente no se escribirá una biografía de ninguno de nosotros, aparte quizás de unas pocas líneas en la columna de obituario de algún periódico. Pero incluso esas líneas dejarán de lado los dos hechos más importantes de nuestra vida.

Si yo fuera a escribir la historia de mi vida, ¿no comenzaría de la manera que lo hizo Pablo? ¿No sería el hecho número uno esta confesión: “Yo soy el peor de los pecadores”? Una confesión como esa no es fácil de hacer. En todo lo demás me gusta exagerar, pero en cuanto al pecado me gusta mermar. Puedo detectar con gran facilidad los pecados de otras personas, pero los míos de alguna manera se escapan a mi detección. Sin embargo, la pura verdad sigue siendo que soy pecador. No necesito un microscopio para examinar mi vida cotidiana; la contaminación del pecado es claramente visible. Mi confesión es muy pertinente. “Soy el número uno, el primero en la lista cuando se trata de pecadores.” Ese es el primero de los dos hechos más importantes de nuestra vida.

Gracias a Dios, el hecho número dos es: “Jesucristo vino al mundo a salvar a los pecadores.” Hubo una sola razón por la que Cristo Jesús bajó del cielo, entró en el vientre de la virgen y vino a nuestro mundo de pecado y tribulación. Una sola razón por la que vivió en este mundo, murió en él y resucitó de entre los muertos. Esa razón fue salvar a los pecadores. Él no vino a juzgar, sino a buscar y salvar a los que se habían perdido. Y vino por mí. Por causa de él, Dios no va a escribir la palabra perdido en mi tumba, sino salvado por su gracia en Cristo Jesús. Ahora que lo pienso, ¿qué más se necesitara decir en la historia de mi vida?

Oración:

Señor, que se diga de mí que «Aunque sea yo el peor de los pecadores, Jesús derramó su sangre por mí.» Amén. (CW 385:1)