GRACIA INDESCRIPTIBLE GENERA AMOR ESPLÉNDIDO

Mientras Jesús estaba en Betania, sentado a la mesa en la casa de Simón el leproso, llegó una mujer. Llevaba ésta un vaso de alabastro con perfume de nardo puro, que era muy costoso. Rompió el vaso de alabastro, y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Algunos de los que allí estaban se enojaron internamente, y dijeron: «¿Por qué se ha desperdiciado así este perfume? ¡Podría haberse vendido por más de trescientos denarios, y ese dinero habérselo dado a los pobres!» Y se enojaron mucho contra ella. Pero Jesús dijo: «Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan? Ella ha efectuado en mí una buena obra.»

– Marcos 14:3-6 (RVC)

Durante la Semana Santa, nunca debemos dejar de maravillarnos del gran despliegue de la espléndida gracia de Dios: su propio y querido Hijo – al cual Dios amó desde la eternidad con un amor que jamás podría yo aún comenzar a entender – ese Hijo estaba sentado a la mesa de una casa en Betania. Estaba en la tierra, vestido en carne y hueso, humillándose a sí mismo a ser obediente hasta la muerte en una cruz. El regalo del Padre, que dio a su Hijo por los pecados del mundo, es más que espléndido; es indescriptible.

Y tal gracia indescriptible genera amor espléndido en los corazones de los seguidores de Jesús. Fue el domingo de la semana de la Pascua y Jesús se encontraba en Betania, compartiendo una comida con amigos en un hermoso día primaveral; la calma antes de la tormenta. María derramó amor espléndido sobre su Salvador con un perfume que valía más que lo que un labrador común ganaba en todo un año. He ahí un amor profundo, un amor sincero, el tipo de amor que agrada a Dios.

Sin embargo, Satanás también estaba presente en ese banquete en Betania. El dulce aroma del perfume de María de repente fue contaminado con la peste de las palabras orgullosas y santurronas: «¡Los pobres!» Como si la verdadera religión consistiera en hacer grandes cosas para la humanidad con el fin de ganar el elogio de Dios y de los hombres, dejándonos satisfechos con nosotros mismos de que hemos hecho una diferencia en el mudo. Pero ese tipo de amor siempre se limita a sí mismo y está fríamente calculado. Siempre pone límites y dice: «Eso es demasiado». A veces, nuestros corazones torcidos aun invocan a Dios para validar nuestra frialdad; en esencia, los que la criticaban en la mesa en Betania estaban diciendo: «¡Eso no es buena administración de lo que Dios nos da!»

Pero Jesús defendió a María, dejando en claro que el amor por Dios siempre tiene prioridad sobre el amor por el hombre. Fue el amor espléndido de Dios que motivó a María actuar en una manera espléndida hacia Dios, y su Salvador se alegró en el amor que ella derramó de su corazón. Dos días más tarde, otra mujer derramaría amor esplendido por Dios, dando aún más que María al depositar dos pequeñas monedas en la tesorería del templo, lo cual fue una ofrenda igualmente fragrante a Dios. Así es el amor espléndido que Dios produce en nuestros corazones a través de su evangelio. Tal amor por Dios, que consiste en dar su corazón, alma y mente libre y espléndidamente, es la verdadera religión.

Esta es una buena semana para meditar sobre cómo por nosotros Jesús se hizo pobre para que, a través de su pobreza, nosotros podamos ser eternamente ricos. Es una buena semana para orar: «¡Toma todo lo que soy, querido Salvador! Ayúdame a amarte a ti tan profundamente como tú me has amado y aún me amas».

Oración:

Aumenta nuestra fe, querido Señor Jesús, y también nuestro amor, para que por ello todas las personas puedan ver que somos realmente tus discípulos. Amén.