LA PRIMERA QUEJA DE HABACUC

¿Hasta cuándo, SEÑOR, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches?

¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves?

¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. Por lo tanto, se entorpece la ley y no se da curso a la justicia. El impío acosa al justo, y las sentencias que se dictan son injustas.

—Habacuc 1:2-4

¿Alguna vez se ha sentido frustrado al ver que la maldad es promovida antes que censurada por quienes deberían castigarla? Lot, el sobrino de Abraham, «se hallaba abrumado por la vida desenfrenada de esos perversos, pues este justo, que convivía con ellos y amaba el bien, día tras día sentía que se le despedazaba el alma por las obras inicuas que veía y oía.» (2 Pedro 2:7-8). También Habacuc experimentaba tal desazón cuando presentaba su queja al Señor.

El apóstol Juan informa que vio las almas de aquellos a quienes se les había asesinado por haber dado testimonio fiel de la palabra de Dios. Él escuchó a esos mártires clamar a gran voz: «¿Hasta cuándo, Soberano Señor, santo y veraz, seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra muerte?» (Apocalipsis 6:10). Pero ni estos mártires, ni Habacuc quieren venganza por toda la maldad que habían recibido de los perversos. Siendo pecadores salvados por la misericordia de Dios, ellos quieren, en gratitud, amar a sus enemigos y poner de buena gana la otra mejilla ante el mal que reciben. Pero le preguntan al Señor ¿cuándo va a actuar con justicia contra los malvados como su santidad lo exige? Habacuc sabía que la voluntad de Dios incluye el obrar con justicia retribuyendo a los malvados impenitentes el mal que hacen. Cada vez que oramos «hágase tu voluntad» pedimos que Dios haga lo justo. ¿No es ilógico pedir aquello que sabemos que de todas maneras lo hará? Dios no solo conoce nuestras necesidades, él sabe incluso lo que vamos a pedirle antes que lo pronunciemos (Isaías 65:24 cf. Salmos 139:4). Sin embargo el quiere que le pidamos en oración aquellas cosas que sabemos que él quiere hacer. Al pedirle en oración que haga lo que él quiere hacer honramos su nombre y le adoramos. La oración es un acto de adoración que expresa nuestra confianza y dependencia en el Señor. Nunca hemos confiado en Dios perfectamente. Por eso merecemos toda la ira de Dios. Por los méritos de Jesucristo como nuestro sustituto hemos sido salvados. En gratitud vamos a querer adorar a Dios pidiendo en oración lo que Él quiere que pidamos. (1 Juan 5:14-15)

Oración:

Dios de paz, haznos aptos en toda obra buena para hacer Tu voluntad, obrando Tú en nosotros lo que es agradable delante de de ti mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Hebreos 13:20-21) 

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