¿DÓNDE ESTÁ LA LLAVE?

El Señor te muestre su favor y te conceda la paz. Números 6:26

Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir. Apocalipsis 3:7

Está usted parado en la puerta trasera de la casa, bajo la lluvia, con los dos brazos llenos de bolsas del supermercado y no puede encontrar la llave. “¿Dónde está la llave?” le pregunta a su esposa. “¿La tienes tú?”

Cuando se trata de la llave del cielo, la Escritura no deja ninguna duda sobre quién tiene la llave: Es Jesús. De hecho, él es la llave. Él y solo él abre la puerta al cielo. En aquella cruz, hace siglos, el que es santo y verdadero, el que es el precioso Hijo de Dios, sufrió y murió. Jesús no merecía morir; nosotros lo merecíamos. Él llevó nuestra culpa, no culpa de él. El que no tenía pecado pagó por completo el castigo por cada uno de nuestros pecados. Como una llave, el Salvador abrió la puerta al cielo. Y esa puerta permanece abierta, hasta que él la cierre.

¿Hay alguna advertencia para mí en esas palabras? Me preguntan si solo estoy parado delante de la cruz de Cristo, o de rodillas en humilde fe al pie de ella, ¿verdad? ¿Si solo hablo sobre Jesús el Salvador, o digo que es mi Salvador? La puerta está abierta para mí, pero solo Cristo sabe cuánto tiempo permanecerá abierta.

¿Hay algún consuelo para mí en esas palabras? Yo no tengo que estar por ahí bajo la lluvia de la vida, ni temer a las tormentas del infierno, preguntándome: “¿Dónde está la llave?” En su gracia, Dios ha obrado la fe en mi corazón y ha puesto la llave del cielo en mi mano. Y le pido que, en su gracia, conserve siempre a Jesús, la llave, en el bolsillo de mi fe.

Oración:

Señor, te doy gracias por la mano de la fe que agarra a Jesús como mi llave al cielo. Amén.