EL PODER DE LA LEVADURA

Cruzaron el lago, pero a los discípulos se les había olvidado llevar pan. —Tengan cuidado —les advirtió Jesús—; eviten la levadura de los fariseos y de los saduceos.

Ellos comentaban entre sí: «Lo dice porque no trajimos pan.» Al darse cuenta de esto, Jesús les recriminó: […] —¿Cómo es que no entienden que no hablaba yo del pan sino de tener cuidado de la levadura de fariseos y saduceos?

Entonces comprendieron que no les decía que se cuidaran de la levadura del pan sino de la enseñanza de los fariseos y de los saduceos.

– Mateo 16:5-12

Jesús advierte a sus discípulos que se cuiden de la doctrina o enseñanza de los fariseos y saduceos. Ambos grupos, que parecen diferentes entre sí, tienen la misma levadura: motivar a las personas a procurar agradar a Dios y ganar su favor por medio de merecerlo haciendo buenas obras. Cristo compara la falsa doctrina con la levadura pues del mismo modo que «Un poco de levadura fermenta toda la masa» (Gálatas 5:9) un poco de falsa doctrina puede corromper la fe de los creyentes hasta volverlos incrédulos.

Por esto el apóstol Pablo escribe: «Evita las palabrerías profanas, porque los que se dan a ellas se alejan cada vez más de la vida piadosa, y sus enseñanzas se extienden como gangrena». Para advertirnos que «en los tiempos últimos vendrán días difíciles. Los hombres […] aparentarán ser muy religiosos, pero con sus hechos negarán el verdadero poder de la religión. No tengas nada que ver con esa clase de gente» (2 Timoteo 2:16-17; 3:1-5 DHH). Porque «El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida» (1 Timoteo 4:1-2). Estos embusteros, que introducen su falsa doctrina, lo hacen de manera que no sea fácil darse cuenta, de a poco.

La Biblia manda: «Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. […] Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas» (Efesios 5:6,11). Pecamos cuando escuchamos y toleramos falsas doctrinas en la iglesia. La ira de Dios está contra quienes las enseñan y quienes les prestan atención. Dios quiere que reprendamos tanto a los que la enseñan como a los que las siguen. Puesto que no lo hicimos perfectamente necesitamos el perdón de Dios. Cristo obtuvo ese perdón a ser nuestro doble sustituto pues no dejó que la falsa doctrina le engañe y reprendió el error. En gratitud nosotros queremos hacerlo lo mejor posible.

Oración:

Señor, concédeme ser un diligente discípulo tuyo que ama la verdadera doctrina y ayúdame a conocerla de tal manera que no sea engañado con la falsa. Amén.