LA PALABRA DE DIOS OBRA

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.

—Isaías 55:10-11, NVI

En mi adolescencia, después de ver una película de la de crucifixión de Cristo, quedé pasmado de saber cómo aquellos que eran el pueblo de Dios podían rechazar a Cristo y exigir su muerte, sabiendo que era inocente. En mi interior pensé «si yo hubiera vívido ese tiempo no habría sido tan malo. Incluso hubiera ido a la cruz en vez de Cristo». Después, cuando leí la historia de Israel, en el Antiguo Testamento, dije: «¡qué pueblo tan obstinado y rebelde! ¿Cómo pueden ser tan pecadores?» No es extraño que por mucho tiempo la gente haya rechazado a los judíos pues su conducta deja mucho que desear. ¿Somos nosotros mejores que ellos? Aunque no sea fácil aceptarlo, no somos mejores que los judíos. Somos descendientes de Adán y herederos de la misma naturaleza pecadora que ellos. Por eso, es natural para el ser humano rechazar todo lo que tenga que ver con Dios. Como está escrito. «No hay quien busque a Dios» (Romanos 3:10-12). Quienes tenemos la fe salvadora, confesamos que esa fe nos ha sido dada como un regalo de la misericordia de Dios. Sin ese regalo seríamos incrédulos, lo mismo que los demás.

Los creyentes sabemos que fue solo por la obra de Dios que llegamos a ser creyentes. Como lo dice Isaías, la palabra de Dios vino a nosotros y obró. Esa poderosa palabra nos hizo creyentes. La palabra de Dios (la ley moral) nos mostró cuán pecadores y cuán merecedores del infierno somos. Cuando nos sentimos desesperados, Dios, con su evangelio nos consoló y nos dio vida eterna creando fe en nuestro corazón. Con ese mismo evangelio nos hace perseverar en la fe para llegar a la vida eterna. ¿Cuándo hay gente que no llega a ser creyente falla la palabra de Dios? ¡No!, Ella siempre es efectiva. Pero cuando los oyentes persistieron en rechazar la salvación de Cristo, la palabra obra endurecimiento de corazón en ellos. La palabra es viva y eficaz y mientras unos son hechos creyentes por ese poder, otros son endurecidos por ese mismo poder. Cristo no solo murió por nuestros pecados. Él sigue obrando en nosotros, por medio de su evangelio. En gratitud vamos a querer seguir predicando la palabra de Dios, pues, aunque unos endurecidos se endurecen más al oír el evangelio, otros hay que reciben fe y son afirmados en ella para la vida eterna.

 

Oración:

Señor, gracias te doy por tu palabra poderosa; pues mediante ella me das fe y me afirmas en ella para la vida eterna. Amén.  

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