(Lectura de la Biblia en tres años: Números 28:16–31, Marcos 13:3–11)

COMO LADRÓN EN LA NOCHE

Por lo tanto, manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor. […] Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.

—Mateo 24:42,44

La frase proverbial «no hay peor sordo que el que no quiere oír» aplica perfectamente a todas aquellas personas que a través de los siglos han calculado la fecha de la venida de Cristo. Ninguno de ellos acertó, como tampoco lo harán los que se atrevan a asegurar que conocen tal fecha. Cristo terminante en dejar claro que su venida sucederá cuando menos lo esperen. ¿Por qué no reveló ese preciso dato?

Estas palabras las dijo Cristo a sus seguidores y conciernen principalmente a su iglesia. Con ellas les pone en alerta sobre la importancia de esperarle con expectativa responsable. Esto significa que la manera de estar listos para su venida no es la de quedarnos con los ojos fijos en el cielo, sino que es la de comprender que nos dejó la misión de alimentar a los que ha puesto a nuestro cuidado. La iglesia fue instituida precisamente para alimentar con la palabra de Dios. Una buena labor de alimentación incluye presentar la ley moral en todo su rigor con tal claridad que todos los oyentes queden aterrorizados ante el pecado y sus consecuencias eternas al punto comprender la tremenda necesidad de Cristo como el salvador para la humanidad. Esta responsabilidad de alimentar bien no es posible si no incluimos el evangelio en toda su dulzura, dejando claro, para el pecador aterrorizado, que Cristo hizo todo lo necesario para su salvación y que nada puede ni debe añadirle.

Pero esta asignación no es una responsabilidad restringida solo al liderazgo (2 Timoteo 2:2). Cada creyente individualmente es responsable de alimentar a su entorno inmediato con el mensaje divino. Jesús veló la fecha a fin de que el sentido de urgencia permanezca entre su pueblo. Cierta vez, le preguntaron a Lutero qué haría si supiera que Cristo llegaba hoy mismo. Él respondió que «plantaría un árbol». Así remarcó que quería ser encontrado por Cristo trabajando. Es precisamente eso lo que el Señor quiere de nosotros. Él quiere encontrarnos ocupados en la misión de alimentar a nuestros cercanos con el mensaje de salvación. En gratitud a Cristo por el perdón gratuito vamos a querer hacerlo.

Oración:

Señor, graba en nuestro corazón tal temor de tus juicios, y tal gratitud por tu bondad hacia nosotros, que nos hagan temer y avergonzarnos por ofenderte. Y, sobre todo, mantén en nuestra mente un recuerdo vivo de ese gran día, en el que debemos dar estricta cuenta de nuestros pensamientos, palabras y obras a aquel a quien tú has puesto como juez de los vivos y de los muertos, tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén. (Oración por la Gracia, 1928. Libro de Oración Común)

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