“De cierto, de cierto les digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, sino que ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

BENDICIONES ETERNAS EN LA BALANZA

¡Suena demasiado bueno para ser verdad! ¿Quién no seguiría a alguien que hiciera una promesa así?

Hay millones que no lo hacen. Algunos nunca escucharon acerca de Jesús. (¡Perdóname, Señor!) Pero algunos lo han hecho y no quedaron impresionados. ¿Qué pasa?

Tal vez no han estado escuchando realmente. Si hubieran estado escuchando esa vocecita tranquila dentro de ellos, la voz que conocemos como la conciencia, tendrían que decir: “¡Estoy perdido! Soy uno de los que tendrán que ir a la condenación”. O tal vez no comprenden lo que significa condenación. Deben tomar en serio la propia descripción de Jesús: “Allí habrá llanto y rechinar de dientes” (Mateo 25:30). ¿Dónde? En el fuego eterno. De aquellos que van a parar allí, Isaías una vez escribió: “Porque sus gusanos nunca morirán, ni se apagará su fuego. Y todo el mundo los verá con repugnancia” (Isaías 66:24).

Usted también merecía la muerte en el infierno. “Porque la paga del pecado es muerte”, y todos somos pecadores. Pero “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Romanos 6:23). Y de eso se tratan las palabras de Jesús. Busca que nos acerquemos para estar con él todo el tiempo para que podamos recibir de él las bendiciones que nadie más puede dar.

Escúchelo. “De cierto, de cierto les digo”, ¡eso es un juramento! ¿Puede haber algo más cierto que un juramento pronunciado por el propio Hijo de Dios? “De cierto, de cierto les digo”, también a mí, que solo merezco la muerte. “El que oye mi palabra, y cree al que me envió”, yo tengo su palabra; sé quién lo envió. “Tiene vida eterna”, entonces aunque voy allí, todavía me faltan muchos más años para ir, una eternidad para gozar en la presencia de mi Salvador. “Y no será condenado”. Conciencia, ¿escuchaste eso?”. “Ha pasado de muerte a vida”, sí, yo estaba muerto, pero ahora vivo y viviré siempre. Sí, moriré, pero estaré con él, y la tumba no podrá retener mi cuerpo más allá de la resurrección.

Eso es todo lo que está en la balanza. ¿Puede haber alguna pregunta acerca de esto? ¡Quién no estaría con el que ha prometido eso!

Oración:

Señor, a medida que escucho tu palabra, úsala para fortalecer mi fe, a fin de que pueda aferrarme siempre a ti y a quien te envió. Amén.