“En la casa de mi Padre hay muchos aposentos. Si así no fuera, ya les hubiera dicho. Así que voy a preparar lugar para ustedes” (Juan 14:2).

JESÚS HA RESERVADO PARA USTED UN LUGAR EN EL CIELO 

Hemos llamado con anticipación y reservado una mesa para cuatro personas en un restaurante. Sin embargo, cuando llegamos, no hay mesa reservada para nosotros. En la confusión de la noche tan ajetreada y tan concurrida, nuestro mensaje no llegó. No hay reservaciones.

¿No sería eso decepcionante en el día del juicio? Decepcionante, por supuesto, no es la palabra exacta para ello. ¡Sería puro terror si nuestros nombres no estuvieran escritos en el libro de la vida! Pero no tenga miedo. Nuestros nombres están escritos en el libro de Dios. “No entrará en ella [la ciudad celestial] nada que sea impuro, o detestable, o falso, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27).

Jesús se aseguró de eso. Quitó nuestros pecados. Hizo todo lo necesario para lograr nuestra salvación y asegurarse de hacer las “reservaciones” para nosotros. No tenemos que hacer cola ante el trono de Dios, y tampoco tenemos que preguntarnos si nuestros nombres están en la lista de Dios. La muerte y la resurrección de Cristo nos aseguran que los brazos de Dios se abrirán para recibirnos en la dicha celestial. No hay nada que nos impida entrar. Gracias a Dios por eso. Jesús lo hizo posible.

Jesús consoló a sus discípulos con este versículo. Si no los hubiera preparado con anticipación, se hubieran desilusionado después de que él ascendiera al cielo. Pero no los iba a dejar. En realidad su obra en la tierra estaba hecha; había cumplido su misión. El propósito de su partida era para preparar un lugar donde él pudiera recibirlos permanentemente. ¡Qué consuelo tan grande para los hijos de Dios, para ellos y para nosotros!

Jesús tiene un lugar reservado nada más para nosotros en la casa de su Padre. La palabra en griego significa “vivienda, lugar, morada”. Personalmente, me gusta la interpretación de la Versión King James en inglés de “mansión”. Me deja una linda imagen en mi cabeza. La cuestión es que hay un lugar para nosotros en el cielo. Jesús nos da esa garantía. Él debe saberlo; él lo compró con su vida. Es un precio muy alto. ¡Es un lugar muy costoso, que está reservado precisamente para nosotros! Cuando usted piensa en esos términos, nuestro hogar celestial es el lugar más caro que hay.

Jesús tiene todo preparado. Está esperando nuestra llegada.

Oración:

Señor Jesús, gracias por comprar y preparar un lugar para nosotros en el cielo. Esperamos con ansiedad el día cuando podamos cambiarnos allí. Amén.