SEÑALES ESPIRITUALES: EL SÍMBOLO APOSTÓLICO

Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

– 1 Juan 1:3

Los apóstoles de Jesucristo tuvieron un conocimiento de Jesucristo único. Por eso el apóstol Juan nos dice: «Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida. Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado» (1 Juan 1:1-2). El apóstol Juan nos dice que lo que ellos conocieron de Cristo nos anuncian para que tengamos comunión con ellos. Sí, tener comunión con los apóstoles es importante. Esa comunión consiste en creer lo mismo que ellos creyeron.

El apóstol Pablo nos explica qué es lo que los apóstoles creían y enseñaban: «Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano. Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras» (1 Corintios 15:1-4).

«Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos» (1 Corintios 8:6).

«Cristo Jesús, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:5-11).

Todas estas y otras porciones que constituyen el buen depósito que los apóstoles transmitieron a los demás creyentes, con el tiempo fueron compendiados en un didáctico resumen que conocemos como «el símbolo apostólico». Estas verdades nos unen con Dios, y nos unen los unos con los otros. Por eso confesamos nuestra fe común, usando las palabras del Credo Apostólico.

Oración:

Dios todopoderoso, gracias te doy por salvarme por los méritos de tu Hijo Jesucristo. En gratitud quiero confesar la fe en la que he sido bautizado. Amén.