“La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”(Filipenses 4:7).

GOZO Y PAZ EN JESÚS 

Una de las condiciones más codiciadas en el mundo de hoy es la paz. Paz entre las naciones, entre las personas, entre vecinos, entre familiares y simplemente tranquilidad. Algunas naciones se esfuerzan por la paz acumulando cada vez más armas de guerra. Con frecuencia buscamos la paz personal a expensas de otros. La tranquilidad muchas veces significa nostalgia, volver atrás a los buenos tiempos cuando las cosas parecían ir más despacio y eran más fáciles. La paz que ofrece Dios va mucho más allá de todo eso.

La principal razón de que no tengamos paz, por dentro o por fuera, es el pecado. El orgullo, la codicia, los celos pecaminosos todos son causas de descontento. El pecado no se puede ignorar. No se puede blanquear o cubrir con un parche o curita. Usted puede esperar indefinidamente, pero no se irá por sí solo. Y nunca se queda igual. O se quita o empeora. Hay que tratar el pecado.

A través de los tiempos la gente ha tratado de arreglar el pecado a su manera, y todos han fracasado. Se necesita más que un simple ser humano. Fue necesario que el Dios hombre Jesucristo lo tratara eficazmente, quitando su maldición y amenaza. Lo hizo sacrificándose en nuestro lugar, dando su inocente cuerpo a la muerte y derramando su santa sangre en la cruz vergonzosa. Tomó nuestro lugar, sufriendo y muriendo por nosotros. Su resurrección demostró su victoria sobre el pecado, la muerte y el diablo. Ahora no debemos temer nada. Jesús murió por nosotros. Perdona nuestros pecados diariamente. Envía a su Espíritu Santo a crear, alimentar y fortalecer nuestra fe para que recibamos este perdón como nuestro.

Dios es ahora nuestro Padre. Por la fe en Cristo formamos parte de su familia de creyentes perdonados. Ya no somos enemigos de Dios; estamos en paz con él. Jesús nos ha reconciliado con Dios y ha hecho la paz entre Dios y nosotros, quitando la causa de nuestra disensión, nuestro pecado y nuestra culpa. Esta es la paz verdadera de Dios.

Esta paz “sobrepasa todo entendimiento”. Pero la paz de Dios no está más allá de nuestra comprensión. La Escritura nos dice extensa y detalladamente cómo Jesús la ganó para nosotros y cómo el Espíritu Santo nos la da por la gracia por medio de la fe. Esto “sobrepasa todo entendimiento” en su capacidad para darnos consuelo, alegría y paz. Incluso guarda nuestro corazón y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. Nada puede disminuir esta alegría.

Oración:

Señor misericordioso, te agradecemos la paz y la alegría que constantemente nos ofreces en tu palabra. Concédenos esos dones a causa de Cristo. Amén.