LA BENDICIÓN DEL SEÑOR

«Jehová te bendiga y te guarde. Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz». Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.

– Números 6:24-28 (RVR1995)

¿Guarda con cariño algo valioso de tiempos ya pasados? Una gran parte de la Biblia, que conocemos como el Antiguo Testamento, y que es apreciada, aprendida y enseñada con particular aprecio por la iglesia cristiana, data de hace más de 2400 años en sus páginas más recientes y por lo menos 3500 en las más antiguas. De todo lo allí revelado, la bendición aarónica (que hoy meditamos) tiene especial relevancia.

El Señor quiere que lo conozcamos como el Dios misericordioso y clemente. Por eso les dio a los sacerdotes levitas la bendición aarónica. En ella Dios se presenta como el Dios de gracia gratuita y fiel. Por esto los cristianos la empleamos para dar la bendición al concluir nuestros servicios de adoración.

Dios usa aquí el nombre personal y especial que escogió para él mismo. Con este nombre se nos presenta como «¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado» (Éxodo 34:6-7, RVR60). Y como tal llega hasta nosotros para bendecirnos. Pero también él es el Dios santo, «que de ningún modo tendrá por inocente al malvado» (Éxodo 34:7, RVR1960).

Jehová, el todopoderoso Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos» (Mateo 5:45), es la fuente de toda bendición que hay en la vida del ser humano. Por esto Martín Lutero en el Primer Artículo del Credo Apostólico resume esas bendiciones, confesando que el Señor «me ha dado mi cuerpo y mi alma, mis ojos y mis oídos y todos mis miembros, mi razón y todos mis sentidos […] me da vestido y calzado, comida y bebida, casa y hogar, consorte e hijos, campos, animales y toda clase de bienes; que me provee a diario y abundantemente de todo lo que mi cuerpo y mi vida necesitan». No en vano está escrito: «La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella» (Proverbios 10:22).

Oración:

Señor, pecador como soy, no merezco tu bendición. Pero, Jesucristo, tu Hijo, te obedeció en lugar mío y murió pagando por mis pecados. Por sus méritos, y en su nombre, te pido que me bendigas, y seré bendecido. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.