CRISTO, LA LUZ PARA REVELACIÓN A LOS GENTILES

Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viera al Ungido del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo. Cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al Templo para hacer por él conforme al rito de la Ley, él lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

—Lucas 2:25-32, RV1995

Cuando nació Jesús, la noticia fue difundida mayormente en el entorno judío. Los sabios que llegaron de oriente fueron los únicos gentiles que sabían que Cristo ya había venido. Es posible que estos sabios hayan comunicado la noticia a sus paisanos, pero la Biblia nada dice al respecto. Sin embargo, Dios no quería que la noticia quede limitada al pueblo de Israel. Por eso 40 días después del nacimiento, cuando el niño fue llevado al templo para ser presentado, el anciano Simeón vino movido por el Espíritu Santo. Al ver al niño Jesús, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios con el canto que conocemos hoy en día como el «Nunc Dimitis» (que viene de las primeras palabras del himno en su traducción al latín). Este cántico aún se canta como parte de la liturgia para la Santa Cena en muchas iglesias cristianas. Con estas palabras recuerda pasajes del profeta Isaías que anuncian el alcance mundial de la salvación: Cristo, el sol de justicia es luz para revelación a los gentiles. Aunque el evangelio fue predicado primero al pueblo judío y muchos entre ellos se beneficiaron de la redención, es entre los gentiles que se ha dado el mayor fruto. Este canto también es nuestro canto pues, después de haber conocido el amor divino en Cristo, queremos decir: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel»

Oración:

Señor, nada podía hacer para alcanzar la salvación. Nací pecador y toda mi persona resistía tu salvación. Tú obraste en mí el arrepentimiento y la fe. Tú me convertiste y me diste la vida eterna gracias a los méritos de tu Hijo Jesucristo. Después de conocerlo puedo decir como Simeón: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» Amén

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