Echa sobre Jehová tu carga y él te sostendrá; no dejará para siempre caído al justo. (Salmo 55:22)

INVITACIÓN A ORAR

“Carga” es una palabra pesada, una de esas palabras que suena como lo que significa. El peso del problema puede sentirse hasta cuando se pronuncia la palabra. Mientras consideramos lo que debemos hacer en la hora de necesidad, oímos el consejo del salmista de que debemos buscar la ayuda del Señor.

El buscar ayuda es una parte regular de nuestras vidas. A medida que surgen las necesidades, buscamos ayuda en aquellos que pueden darla. El médico se ocupa de nuestras dolencias físicas, el abogado desenreda nuestros embrollos legales, el mecánico resuelve nuestros dilemas automovilísticos, etcétera. Sólo los necios no buscan ayuda en la fuente apropiada cuando esta está disponible de buena gana. Sólo los necios buscarían ayuda para sus cuerpos donde un mecánico o para sus carros donde un médico. La ayuda que viene de la fuente equivocada no ayuda nada.

A lo largo de la vida de nosotros los cristianos existe una fuente común de ayuda para nosotros frente a cualquier problema, un individuo que puede ser contactado cualquiera que sea nuestra necesidad. Esa especial fuente de ayuda es Dios. Él puede guiarnos en cualquier asunto y lo hará, como lo ha prometido.

Pero esta invitación de Dios también tiene otro lado. Si no llevamos nuestros problemas a él en la fe, si continuamos preocupándonos por los problemas a pesar de su invitación, entonces realmente estamos mostrando una falta de confianza en él y es su promesa. Hasta el mejor de los cristianos es culpable de esta debilidad a veces. Debemos recordar que Dios no dijo que ayudaría “algunas veces”, que “algunas veces” estaría disponible, o que estaría disponible sólo en caso de una carga grande. Cada problema, cada asusto debería ser traído a él en búsqueda de ayuda. El no hacer esto sería no tener confianza en su oferta.

En este salmo número cincuenta y cinco, como en muchos otros de los salmos, el salmista habla de sus enemigos. Mientras oramos estos mismos salmos, entendemos que el enemigo es Satanás y las tentaciones y pruebas que él pone delante de nosotros. Ante estos, se nos dice simplemente: “echa sobre Jehová tu carga”. Toda la Escritura está llena del mensaje del amor de Dios para los pecadores, su regalo de perdón y de vida eterna, su oferta de guiar y proteger a cada uno de nosotros en el camino a nuestro eterno gozo. Que simple es relajarnos puestas ya nuestras cargas en Dios y cantar sus himnos sin el impedimento de las preocupaciones.

Oración:

Dios todopoderoso, ayúdame a ver la alegría de darte todas mis cargas de preocupación como lo sugiere tu invitación. Amén.

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