EL VERDADERO ALIVIO PARA LA SED

“El que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás.» (Juan 4:14)

Pregúntele a la persona que ha salido de una cirugía o al atleta que ha dado todo de sí, lo que el líquido llevado a sus labios hace por él. La sed puede ser un enorme problema, y es grande la necesidad de saciarla.

Aunque el hombre no pueda sentirlo plenamente, o reconocerlo libremente, su alma suplica el alivio para la ardiente angustia por el pecado. En su ignorancia y terquedad, se dirige a los pozos del mundo; pero como un alcohólico, cuanto más bebe, menos se sacia su sed. En lugar de etiquetar esos pozos como “inseguros para el consumo humano”, Satanás hace resplandecer esos caños para engañar al viajero sediento. Pero pronto viene el momento en que se demostrará que los pozos del poder, de las posesiones, del placer y de la filosofía, donde la gente ha llevado y sumergido sus baldes en profusión loca, solo han producido veneno para el alma.

Solo un pozo puede saciar la sed del alma. Jesús lo dijo claramente: “El que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás.” Con su muerte expiatoria en el santo monte del Calvario, abrió la pura y sanadora fuente que fluye para usted, para mí, para todos. Y él canaliza para nosotros el perdón que sacia la sed a través de los cauces de la Palabra y los sacramentos. Si todos los que viven en la tierra vinieran a beber de ella, nunca podrían secar la fuente de su perdón.

Oración:

Señor, llévame a tu Palabra y guíame a beber profundamente del agua de vida que tú ofreces. Amén.