SABIOS DIEZ VECES MEJORES

El rey habló con ellos, y no se hallaron entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, permanecieron al servicio del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey los consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.

—Daniel 1:19-21, Reina Valera 1995

¿Cuál era la razón por la que estos cuatro jóvenes eran diez veces más sabios que cualquier otro en toda la gran extensión del imperio babilónico? No podemos negar que fueron destacados estudiantes, pero el verdadero origen de su sabiduría no estaba en su herencia genética ni cultural. Tampoco en la preparación que recibieron en Babilonia. La Biblia nos muestra cuál es la clave: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos» (Salmos 111:10, Reina-Valera 1995)

Estos jóvenes tenían temor reverente a Jehová y esto se hizo evidente en las diversas pruebas que les tocó enfrentar.

La Biblia promete sabiduría al que la pida a Dios con fe genuina (Santiago 1:5-7). Solo los verdaderos creyentes tienen fe genuina, «porque no todos tienen fe.» (2 Tesalonicenses 3:2). La fe es un don de Dios que él otorga gratuitamente a través de los medios de gracia (el evangelio predicado y los sacramentos del bautismo y Santa Cena). El Señor quiere que seamos sabios para el bien e ingenuos para el mal. (Romanos 16:19;) Esto es precisamente lo que el apóstol pedía para los creyentes en sus oraciones intercesoras (Filipenses 1:8-11).

La sabiduría que Dios quiere para sus hijos es la sabiduría celestial. Es importante diferenciar entre la sabiduría celestial y la diabólica. «¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría. Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Ésa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, puramente humana y diabólica. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas. En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera». (Santiago 3:13-17) Puesto que no hemos actuado con sabiduría celestial merecemos toda la ira de Dios. Jesucristo como nuestro sustituto obró con sabiduría en lugar de nosotros y sufrió en la cruz en castigo que merecemos en nuestra necedad (Marcos 13:54; Lucas 2:52) En gratitud vamos a querer vivir sabiamente esperando la venida del Señor.

Oracion:

¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Jehová, roca mía y redentor mío! Amén. 

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