“Vendan lo que ahora tienen, y denlo como limosna. Consíganse bolsas que no se hagan viejas, y háganse en los cielos un tesoro que no se agote. Allí no entran los ladrones, ni carcome la polilla”(Lucas 12:33)

UN TESORO QUE DURARÁ PARA SIEMPRE 

¿Qué posesiones tiene usted que pueda gozar para siempre?

A pesar de que Dios nos ha concedido muchas bendiciones terrenales, la felicidad no se encuentra en la cantidad de posesiones que hayamos amontonadas para nosotros. Jesús nos recuerda que el mismo Padre celestial que nos ha dado todo lo que tenemos, se encargará también de que tengamos todo lo que necesitemos mientras nos conceda vida en esta tierra.

En vez de concentrarnos en cuántas de esas bendiciones podemos acumular para nosotros, Jesús nos invita a vender algunas de las cosas que tenemos y dar a los pobres. Como Jesús no vino para ser servido sino para servir y ofrecer su vida como rescate de muchos, nos invita a demostrar ese mismo amor. Jesús no nos exige que vendamos todo lo que poseemos, sino que nos invita a considerar de cuáles podríamos prescindir. Mucha gente pobre no tiene ni siquiera buena comida ni refugio, mientras que muchos de nosotros tenemos mucho más que las necesidades de la vida. ¿De qué cosas podríamos prescindir para ayudar a los que tienen mucho menos que nosotros?

Cuando adoptamos la misma actitud de sacrificio que Jesús tuvo cuando se sacrificó por nuestros pecados, actuamos con la esperanza segura del cielo. Sabemos en dónde estaremos toda la eternidad. En el cielo disfrutaremos de la gloria de Dios para siempre. Las posesiones terrenales que tenemos son tesoros pasajeros. Lo que tenemos en el cielo dura para siempre. Ese tesoro celestial es Jesús mismo y la dicha de estar con él para siempre.

Al considerar este gran tesoro, Jesús nos recuerda que no nos concentremos en las posesiones materiales ni nos apeguemos a ellas. Esas posesiones no duran; algunas veces los ladrones pueden robarlas, o son destruidas por la oxidación o la polilla. Jesús nos recuerda que los cielos y la tierra pasarán, pero no su palabra de amor y perdón y la promesa de la vida eterna.

Puesto que tenemos a Jesús como la posesión más valiosa, nos invita a estar dispuestos a usar lo que tenemos para servirlo a él y servir a otros durante nuestra vida ahora. Eso refleja el tesoro que tenemos en el cielo, un tesoro que durará para siempre.

Oración:

Querido Jesús, como tú te has sacrificado por nosotros, que nosotros estemos dispuestos a servir a otros con las bendiciones que nos has dado generosamente. Amén.

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