UN TAMAÑO PARA TODOS

Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo. 1 Juan 2:2

En mi cumpleaños, mi nieta me regaló una linda gorra. En el frente decía “Amo a mi Abuelo”, con un corazón en lugar de la palabra amo. Pero la gorra no me quedaba bien. Se suponía que la banda ajustable se adecuaba a todos los tamaños: o mi cabeza era demasiado grande, o la banda era demasiado corta.

La cruz de Jesús se adapta a cada pecador; el amor que él mostró en la cruz nos cubre a todos. Su sufrimiento en las profundidades del infierno pagó todo pecado. Él murió en esa cruz en el lugar de cada pecador, desde el primer Adán en el jardín del Edén, hasta el último Adán cuando el mundo llegue a su final. Y cuando Jesús resucitó al tercer día, demostró que su pago por el pecado fue suficiente para cubrir a todo el mundo. Juan lo describió como “el sacrificio expiatorio”, un sacrificio que es suficiente para cubrir “no solo nuestros pecados, sino los de todo el mundo”, añadió Juan. No puede haber duda alguna de que la cruz de Jesús se adapta a todos.

Se adapta a mí. El Salvador fue hecho a mi medida. Mis pecados pueden ser como los de muchos otros, mi culpa es tan seria como la de ellos; pero la diferencia es que son mis pecados y que esa es mi culpa. Yo tengo que saber si Jesús pagó mis pecados; necesito la paz que viene solo de conocer a Dios como un Padre amoroso y no como un Juez justo. Quiero ser capaz de presentarme delante de él con confianza cuando llegue mi último suspiro. “No solo por los pecados de todo el mundo, sino también por los tuyos”, me asegura la cruz de Cristo.

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Oración:

Amoroso Salvador, te pido que levantes mis ojos a tu cruz; que me recuerdes que tu sacrificio cubre a cada uno de los pecadores. Amén.