“A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:19)

CONFIESE A ÈL A LA IGLESIA 

La confesión que hacemos de Jesús como el único Salvador del pecado muestra que estamos edificados sobre él. Somos miembros de su iglesia. “Somos de Dios el templo ya, de piedras vivas fundado”, como dice el antiguo himno (CC 131:3). Las puertas del Hades no pueden vencernos.

Nuestra fe es el cemento que nos mantiene unidos al fundamento, y también nos une a nuestros hermanos cristianos de todos los tiempos y de todos los lugares. Usted no puede ver la fe de sus hermanos cristianos y ellos no pueden ver lo que hay en su corazón. Pero pueden oír lo que usted dice y ver lo que hace, y usted puede oírlos y verlos a ellos.

Su confesión de fe en palabra y acción lo une con los miembros de su congregación, y la confesión de ellos los hace uno con usted. Una confesión regular de nuestra fe en el Salvador y de todas las verdades de su palabra lo une a usted y a su congregación con los otros miembros de nuestro sínodo y sus iglesias hermanas.

Juntos confesamos el nombre de nuestro Salvador. Lo alabamos por venir al mundo a rescatarnos del pecado, de la muerte y del infierno. Juntos nos alegramos en el perdón y la vida que tenemos debido al Hijo de Dios que murió por nosotros.

Cuando usted confiesa su fe junto con sus hermanos cristianos, también a ellos la confiesa. Los ayuda a que la fe de ellos sea más firme y ellos lo ayudan a fortalecer la suya.

Tenemos una obligación especial de amonestar a un hermano cristiano que comienza a alejarse y seguir una forma pecaminosa de vivir. Si lo que hace va contra lo que dice la Biblia, no está confesando sino negando el nombre del Salvador.

Usted tiene la obligación de hacer una confesión a esa persona. Si verdaderamente confiesa el nombre de Jesús, debe también andar en amor. El amor incluye la amonestación cristiana, como nuestro Señor la describe en el capítulo 18 de Mateo. No es una opción, sino una obligación que tenemos de advertir a los que han tomado el camino que conduce a la destrucción. Si nos alejáramos del camino que conduce a la vida eterna, nos gustaría que nuestros hermanos cristianos mostraran el mismo amor hacia nosotros, para confesar la verdad en amor.

Oración:

Señor Jesús, que siempre hablemos y actuemos como tu palabra lo indica. Amén.

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