ES FALSA SANTIDAD MANDAR LO QUE DIOS NO MANDA

Los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron: —¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?

Jesús les contestó: —Bien habló el profeta Isaías acerca de lo hipócritas que son ustedes, cuando escribió: ‘Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí. De nada sirve que me rinda culto: sus enseñanzas son mandatos de hombres.’

– Marcos 7:5-7

Nuestro orgullo pecaminoso busca la gloria que solo pertenece a Dios. Una manera en que lo hace es la imponer mandamientos a nosotros mismos y a los demás como si Dios los exigiera. Esto es fácil de ver en el judaísmo, como el caso que la Biblia presenta en el texto que hoy meditamos. Por higiene es bueno y sabio lavar las manos antes de comer. Sin embargo, el judaísmo hizo de esta buena práctica una ley como si Dios la hubiera mandado. Los líderes del judaísmo consideraron que la ley moral y la ley ceremonial que habían sido dadas por Dios no eran suficientes. Por tanto, las aumentaron hasta llegar a la cifra de 613 preceptos que regulaban toda la vida de Israel, hasta en sus más mínimos detalles. Ellos se imaginaron que así eran más santos que el resto.

Hoy muchos grupos religiosos también han añadido mandamientos que Dios no mandó. La Iglesia Católica Romana manda a las personas a adorar la hostia. Los adventistas del séptimo día imponen guardar el sábado ceremonial como ley moral y muchas iglesias evangélicas hacen lo mismo exigiendo el diezmo. La verdad es que, puesto que Dios no exige a los cristianos ninguna de esas cosas, no es pecado no hacerlas. Esto significa que es pecado hacerlas pensando que Dios lo manda. Mandar lo que Dios no manda es un pecado contra el Primer Mandamiento que exige no tener dioses ajenos. Cuando obedecemos mandatos de hombres como si fueran de Dios tratamos al autor de tales mandamientos como si fuera un dios y eso es idolatría. Por ese pecado merecemos toda la ira de Dios.

Jesucristo se opuso activamente a este tipo de idolatría y venció la tentación de inclinarse a otra voluntad que no sea la del verdadero Dios. Lo hizo en lugar de nosotros. También, por nosotros sufrió en la cruz el castigo eterno que merecíamos. En gratitud vamos a querer guardarnos de añadir mandamientos de hombre como si fueran mandamientos de Dios.

Oración:

Amado Dios, por mi naturaleza pecadora tengo la inclinación pecaminosa de añadir como mandatos como si fueran tuyos. Te suplico me guardes de caer en tal tentación. Amén.