LA CENA QUE OBSEQUIA PERDÓN Y FUERZA

Luego tomó el pan, lo partió, dio gracias y les dio, al tiempo que decía: «Esto es mi cuerpo, que por ustedes es entregado; hagan esto en memoria de mí». De igual manera, después de haber cenado tomó la copa y les dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por ustedes va a ser derramada».

– Lucas 22:19-20

Después de once años de convivencia, ellos eran como su familia, o al menos, así el pastor los consideraba mientras pasaba del uno al otro, repartiendo la Santa Cena.

Colocó el pan en una mano canosa y torcida, consecuencia de 70 años de duro labor. «Toma y come, esto es el cuerpo de Cristo, dado por ti». ¡Cuánto su hermano anciano necesitaba a su Salvador! El pastor sabía lo que otros nunca sabrían: el hombre lloraba profundamente a su esposa que ya llevaba siete años en el cielo. Él luchaba para enfocarse en la tumba vacía en vez de vaciar una botella para ahogar su tristeza. El pastor en silencio intercedió: «¡Hosanna! Salva ahora, Señor, a este peregrino cristiano por medio del mismo cuerpo que colgó de la madera para cubrir el pecado. Que él no tenga duda, querido Jesús, que tú lo perdonas».

«Toma y bebe, esto es la sangre del nuevo pacto, derramada por ti». La mano de la joven tembló mientras agarró la copa. Su pastor susurró otra oración, porque él sabía de su dolor también. Sus preguntas fervientes en las clases de confirmación reflejaban un hogar marcado por gritos y burlas, sin amor y sin apoyo. «¡Hosanna! Salva ahora, Señor, a tu sierva en necesidad del amor interminable de su Salvador del cual carece por parte de su familia, por la misma sangre que tú derramaste en la cruz, la cual ella ahora recibe en y con el vino. Que ella no tenga duda, querido Jesús, que tú la perdonas».

La cena, el milagro, continuaba. Por 20 minutos, los creyentes se acercaron para recibir a su Salvador. ¡Qué cena! – pensaba el pastor – ¡Que el Espíritu le enseñe a su pueblo lo que está realmente aquí!

Es una cena con un pasado la cual se remonta a la noche en que el mismo Salvador comió la cena pascual. Esa antigua fiesta, en que los creyentes consumieron lo que les salvó, encontró su cumplimiento en el aposento alto. El Cordero fue matado para rescatar al mundo, ¡su sangre la única barrera que nos protege de la muerte!

Pero no sólo es una cena con un pasado, sino también con un presente, la cual obsequia poderosos dones: la fuerza para nuestro peregrinaje, fuerza que sólo el Salvador puede proveer ya que él da a sí mismo, siendo realmente presente en la cena.

También es una cena con un futuro eterno. En este sacramento recibimos perdón de pecados, vida y salvación.

Oración:

Ayúdanos a orar – pensaba el pastor – con corazones sinceros la oración de la iglesia:

Señor Jesucristo, a través de la sangre de tu pacto, nos has hecho dignos de recibir tu Santa Cena. Te reúnes con los creyentes en todo el mundo y en toda etapa con tu cuerpo dado por nosotros. En este sacramento, el tiempo y la eternidad se juntan mientras celebramos el anticipo de la fiesta celestial. Mientras recibimos tu verdadero cuerpo y sangre, nos regocijamos en nuestra salvación que viene a través de ti, que, junto con el Padre y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.