“Entonces María dijo: ‘Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46,47).

MAGNIFIQUE AL SEÑOR POR EL GOZE DE SU SALVACÍON 

En latín, Magnificat es la primera palabra del cántico de alabanza de María, así que llamamos a su cántico el Magnificat.

Una lupa hace que un objeto aparezca más grande. Un niño puede estar fascinado al verlo. Un cristiano de edad avanzada puede necesitar una lupa para leer la Biblia o para ver un número telefónico. Un microscopio magnifica organismos minúsculos e invisibles y hace que los podamos ver.

Entonces, cuando magnificamos al Señor, no se hace más grande o más grandioso como resultado de los esfuerzos que hacemos. Lo vemos más grande porque lo vemos mejor. Aumentamos el reconocimiento de sus obras y sus caminos maravillosos.

El cántico de María nos enseña a magnificar al Señor de esta manera. Queremos seguir el ejemplo de ella.

La situación de María era única. Dios la eligió para un honor que nadie más recibiría. Fue la madre virgen del Hijo de Dios. Pero nos damos cuenta de que este honor mostrado a María es para todos nosotros una bendición. Por lo tanto, nos agrada cantar este cántico junto con María.

Hoy queremos echar un vistazo más de cerca al regocijo de María en Dios su Salvador y unirnos a ese regocijo.

María estaba feliz porque había sido elegida para ser la madre del Salvador prometido, pero su mayor felicidad era poder llamarlo “mi Salvador”. Aunque era una doncella piadosa y devota, sabía que era una persona con un corazón pecaminoso, cuyos mejores esfuerzos no eran lo suficientemente buenos para satisfacer las exigencias de la ley de Dios. Sabía que su única esperanza de salvación estaba en la promesa que se remontaba al huerto de Edén, donde Dios dijo a Adán y Eva que la descendencia de una mujer heriría la cabeza de la serpiente, Satanás, y nos libraría de sus garras.

Había llegado el tiempo para que Dios cumpliera esa promesa y enviara al Salvador, y ese era el mayor motivo de María para regocijarse. El gozo es también nuestro al conmemorar el próximo mes el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios e hijo de María.

Queremos dar gracias a Dios en esta estación de Adviento por su salvación y también por el gozo que esto nos trae. Nos trae el gozo de celebrar esta estación bendecida y la alegría de la expectativa de nuestra salvación eterna en el cielo.

Oración:

Padre celestial, restitúyeme el gozo de tu salvación, por amor a Jesús. Amén.