ALGO PARA CANTAR: LA ETERNIDAD

Entonces Moisés y los israelitas entonaron un cántico en honor del Señor, que la letra decía: Cantaré al Señor, que se ha coronado de triunfo arrojando al mar caballos y jinetes. El Señor es mi fuerza y mi cántico; él es mi salvación. Éxodo 15:1,2

Puede ser difícil considerar la vida a largo plazo. Ya sea en la adversidad o en la prosperidad, tendemos a vivir solo para hoy; los problemas de hoy nos atan con fuertes nudos; la prosperidad de hoy no nos deja ver más allá.

El Antiguo Testamento usa con frecuencia la victoria de Israel en el Mar Rojo para señalar la victoria eterna ganada por la sangre del propio Hijo de Dios. Adelante está la tierra prometida a la que Dios va a llevar a su pueblo de todos los tiempos, a esa Canaán celestial con su gloria eterna. Juan, en Apocalipsis 15:3, dice que allí, los creyentes cantarán: “el himno de Moisés, siervo de Dios, y el himno del Cordero: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios Todopoderoso. Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones».” Esperando la segura victoria eterna del cielo, los israelitas tenían un tema para cantar.

Pero lo olvidaron. Permitieron que los problemas del día presente empañaran la promesa del cielo a largo plazo. Y también permitieron que esa nube oscura ocultara el amoroso rostro del Salvador, que los iba a llevar a la eternidad. Lo mismo me puede suceder a mí: ante la ventanilla de quejas del cielo hay una larga fila, y yo estoy ahí constantemente. Cuando pierdo el camino en los problemas y las tristezas de la vida, pierdo también la visión de la gloria eterna que Jesús ha preparado para mí. Por otro lado, cuando mi mirada es a largo plazo, nadie tiene que decirme que cante.

Oración:

Señor, te pido que, en todas las condiciones de la vida, me enseñes a cantar con alegría porque el cielo me está esperando. Amén.