EL CORAZÓN DE ESDRAS

Esdras había preparado su corazón para estudiar la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.

– Esdras 7:10 (RVR1995)

¿Conoces el nombre de algún reformador? Unos dirán «Martín Lutero», otros «Juan Calvino». Pero muy pocos dirán «Esdras Ben Seraías». No es usual referirse a Esdras como un reformador. Se lo recuerda más como escriba. Pero Esdras fue un reformador muy docto pues había dispuesto su corazón para aprender eficazmente la Palabra de Dios.

Esdras fue un maestro erudito y bien preparado en la ley de Dios. No sólo estudió esmeradamente la ley de Dios, sino que también la guardó como verdadero hijo creyente de Dios. Esdras era un buen maestro porque su vasto conocimiento y su devoción a la enseñanza estaban unidos a su vida piadosa. Enseñaba a los demás tanto con el buen ejemplo como con sus palabras. Por esto Esdras es un buen ejemplo a todos nosotros: ya sea que enseñemos la palabra de Dios como pastores de la congregación, o maestros en una escuela cristiana o en la escuela dominical, que como padres enseñemos a nuestros hijos, o como cristianos enseñemos a nuestro prójimo con palabra y ejemplo.

Con el fin de ser maestros o ejemplos eficientes, debemos tener un vasto y correcto conocimiento de la palabra de Dios. Ese conocimiento solo se adquiere mediante la lectura y el concienzudo estudio de la palabra de Dios ejercido cada día de nuestra vida. Sin embargo, el conocimiento de la Biblia en sí no es suficiente; necesitamos la fe y el amor que obra el evangelio en nosotros. Un amor así nos impulsa a procurar guardar la ley de Dios y a compartir la palabra de Dios con los demás. Entonces no solamente somos oyentes de la palabra, sino que, como Esdras, también la ponemos en práctica y la enseñamos. ¡Qué Dios bendiga así nuestro estudio de su palabra!

Esto nos conduce a la cualidad más importante de Esdras como ayudante del pueblo de Dios. Esa cualidad se encuentra en la repetida frase: «La mano de Jehová su Dios estaba sobre él». Esdras contaba con la preparación y la habilidad, pero sólo podía tener éxito si el Señor bendecía sus esfuerzos. Así es también con nuestros esfuerzos, sin importar lo bien planeados o lo bien intencionados que sean, sólo pueden tener éxito si Dios los bendice. Debemos esforzarnos en trabajar por el evangelio; sin embargo, dependemos humildemente de que el Señor bendiga nuestros esfuerzos con éxito por medio del poder del Espíritu Santo.

Oración:

Señor, apoyado en los méritos de tu Hijo Jesucristo, te suplico que me concedas ser fiel a tu palabra de modo que la aprecie, aprenda y obedezca de buena gana. Amén.

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