JESUCRISTO, EL TODOPODEROSO

¡Miren que viene en las nubes! Y todos lo verán con sus propios ojos, incluso quienes lo traspasaron; y por él harán lamentación todos los pueblos de la tierra. ¡Así será! Amén. «Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso».

– Apocalipsis 1:7-8

¿Qué es lo más sublime, poderoso y superior que pueda existir? No importa cuánto razonemos, siempre lo más excelso será Dios.

Para ser Dios hay por lo menos tres atributos indispensables: ser todopoderoso (poder todo), ser omnisciente (saberlo todo) y ser omnipresente (estar en todo lado al mismo tiempo). La Biblia menciona varios otros atributos en Dios también, como santo, justo y eterno. Hoy mucha gente opina que la Biblia enseña que Jesucristo no es Dios. ¿Tienen razón? La respuesta es no.

La Biblia sí enseña claramente que Jesucristo es Dios. El contexto completo de las Santas Escrituras presenta a Jesucristo como Dios. Así el apóstol Juan nos dice que el Verbo (Jesucristo) era en el principio, que era con Dios y que era Dios. El Antiguo Testamento lo llama «Dios con nosotros» y «Dios fuerte» (Isaías 7:14; 9:6) de quien «sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad» (Miqueas 5:2, RVR1960). En muchos pasajes de las Escrituras Jesucristo es llamado Dios (Juan 20:28; Hebreos 1:8-9; 1 Juan 5:20) y recibe la adoración que solo se rinde a Dios, sea de parte de los ángeles del cielo (Hebreos 1:6) o de los seres humanos (Mateo 2:11). Quienes niegan que la Biblia enseña que Jesucristo es Dios admiten que la Biblia sí llama Dios a Jesucristo, pero argumentan que lo hace en un sentido relativo, como cuando al diablo se le llama «el dios de este mundo» (2 Corintios 4:4). Es cierto que la Biblia usa el nombre dios en referencia a seres humanos o a ángeles (Juan 10:34, 35; Hebreos 2:7 cf. Salmos 8:4-6), pero jamás demanda ni permite que los tales sean adorados (Apocalipsis 19:10; 22:8-9 cf. Éxodo 34:14). En cuanto a Jesucristo no sólo lo llama Dios, sino que demanda que se lo adore (Salmos 97:6; Apocalipsis 5:7-14). Finalmente, la Biblia enseña que Jesucristo es todopoderoso (Mateo 28:18 cf. Daniel 7:14; Juan 3:35; 13:3). Su naturaleza humana participa del atributo de la omnipotencia propia de su naturaleza divina plenamente desde su resurrección.

Jesucristo es Dios todopoderoso y digno de toda adoración. Pero no le hemos adorado perfectamente y, por eso, al pecar contra el primer mandamiento merecemos el castigo del infierno eterno. Para salvarnos él mismo vino a ser nuestro doble sustituto pagando, con su obediente vida perfecta y con su inocente muerte en la cruz, el precio de nuestro rescate. En gratitud queremos adorarle.

Oración:

Cordero de Dios que fuiste inmolado por nosotros, eres digno de recibir la honra, la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén.