ADÁN EN EL HUERTO DE EDÉN

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo cuidara. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: «De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás».

– Génesis 2:15-17 (RVR1995)

Adán y Eva fueron creados en un estado de inocencia original, es decir, sin pecado. Pero no conocían la santidad consciente, es decir, la santidad por elección propia. Cuando Dios los creó no los hizo robóticos. Les dotó del libre albedrío y también les dio la oportunidad de ejercerlo cuando, en Edén, plantó el árbol del conocimiento del bien y del mal. Así Dios les dio la oportunidad de pasar de la inocencia creada a la santidad consciente, pues quería que fueran santos por elección, no por accidente.

Martín Lutero, para explicar el propósito de Dios, escribió: «Este árbol del conocimiento del bien y del mal fue la iglesia de Adán, su altar, su púlpito. Aquí debía rendir la obediencia que debía a su Creador, dar reconocimiento a su palabra y a su voluntad, darle gracias, y pedir ayuda contra la tentación». Este árbol en medio del huerto fue el lugar para que Adán adorara a Dios. Ahí se le recordaba la bondad divina; y ahí podía dar gracias por su misericordia, respondiendo a Dios, con obediencia gozosa. Si Adán lo hubiera hecho, la experiencia le habría traído un conocimiento del bien y del mal similar al que Dios tiene. La inteligencia de Adán hubiera estado muy consciente de lo que Dios quería o no quería. Sus emociones podrían haber encontrado gozo en la voluntad del Creador y podrían haberlo convencido de lo terrible que sería rebelarse contra él. Y la voluntad de Adán hubiera escogido conscientemente obedecer el mandato de Dios de apartarse del fruto prohibido.

Nosotros tenemos, en la cruz de Cristo, el recordatorio de la misericordia divina, y el altar donde, en gratitud ante el amor incondicional divino, queremos dedicar nuestras vidas a obedecer la voluntad de Dios implorando su auxilio para lograrlo.

Oración:

Señor, concédeme amarte, temerte y confiar en ti sobre todas las cosas, de tal manera que tu tengas el primer lugar en mi vida. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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