TENGO BUENAS NOTICIAS PARA USTEDES

¡Consuelen, consuelen a mi pueblo! —dice su Dios—. Hablen con cariño a Jerusalén, y anúncienle que ya ha cumplido su tiempo de servicio, que ya ha pagado por su iniquidad, que ya ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados. Isaías 40:1,2

Juanito hacía el papel de ángel en la presentación; su madre lo había entrenado en lo que tenía que decir, explicando que “buenas nuevas” significa “buenas noticias”. Así que, en la víspera de la Navidad, salió diciendo “Hola, tengo buenas noticias para ustedes”.

Isaías tenía buenas noticias para el pueblo de Israel, que estaba afligido en cautiverio en las orillas de los ríos de Babilonia. Dios le iba a poner fin a su separación de la patria de Canaán. Mejor aún, le iba a poner fin a la separación de él. El pecado separa de Dios a las personas, levanta un muro bajo el que ningún pecador se puede deslizar, ni lo puede romper o escalar. Solo el Dios santo, de quien nos separa el pecado, puede derribar el muro. ¿Las buenas noticias de Isaías? El profeta fue con grande amor a aliviar el pecaminoso corazón de Israel. ¿Cómo? De la única manera posible: diciéndole que Dios había pagado todos sus pecados. En realidad, Isaías tenía que hablar de un “doble pago”, para que sus pecados desaparecieran por completo. De nuevo, preguntamos; “¿Cómo?” En muchos otros versículos, Isaías les habló del venidero Hijo de la virgen; del Cordero que va silencioso al sacrificio; de Aquel sobre quien fueron puestos todos los pecados y por quien fueron pagados todos los pecados. Israel jamás podría escuchar noticias mejores que estas; y tampoco yo. Esta estación de Adviento es la época para arrodillarme un poco más cerca de la cuna de Jesús, y al pie de su cruz. Allí, voy a escuchar las mejores noticias sobre cómo Dios envió a Jesús a traer el doble pago por todos mis pecados.

Oración:

Señor, te pido que abras mi corazón para que se alegre de nuevo en las buenas noticias del perdón de los pecados por medio de Jesús. Amén.