“Tú, que habitas en Sión, ¡canta y regocíjate, que en medio de ti grande es el Santo de Israel!” (Isaías 12:6)

DIOS HABITA EN MEDIO DE SU PUEBLO

Estas palabras completan la sección del profeta Isaías acerca de “Emanuel” o “Dios está con nosotros”. Sabemos que el cumplimiento más completo de esta profecía fue el nacimiento del Hijo de Dios. Sabemos que en el nacimiento de Cristo, Dios vino a habitar entre nosotros. Sabemos que como uno de nosotros, triunfó contra toda tentación, cumplió toda justicia y sufrió el castigo que ganamos por nuestros pecados y rebelión. Sabemos que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos como prueba de que su vida y muerte fueron aceptables para Dios. Nuestros pecados son perdonados.

El Cristo resucitado ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo. Ha prometido que estaremos con él para siempre. Mientras tanto, cuando nos reunimos alrededor de su palabra, nos reunimos en su mesa o llevamos a nuestros hijos al Santo Bautismo, el Santo de Israel está en medio de nosotros. Donde está su evangelio, allí está él. Donde está él, hay vida y salvación.

No puede haber mayor causa de alegría. Hasta en momentos difíciles, en tiempos de enfermedad, tiempos de pesar, Cristo está entre nosotros para ayudarnos, sanarnos y consolarnos. No importa cuánto lo sacuda el diablo o cuánto lo acosen sus seguidores: “mayor es el que está en [usted] que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

Hay un tiempo de meditar en silencio sobre esas verdades y sacar fuerzas de ellas. También hay un tiempo de canto y regocijo. Cuando el pueblo de Sión, los que creen en Jesús, se reúne en la casa de Dios, entonces es tiempo de canto y regocijo. Cuando el pueblo de Sión, los cuerpos que son el templo del Espíritu Santo, se reúne para tener devociones familiares, entonces es tiempo de canto y regocijo. Cada vez que un hijo redimido de Dios se da cuenta de las grandes obras que el Santo de Israel ha hecho por él o ella, es tiempo de canto y regocijo.

Este domingo es el día del Señor. El pueblo de Sión se reunirá en la casa del Señor. El Santo de Israel estará en medio de ellos. Recordarán y prestarán atención a esas palabras de Isaías y a las del apóstol Pablo: “Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cánticos espirituales; canten y alaben al Señor con el corazón, y den siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5:19,20).

Estemos allí y cantemos junto con ellos. Si no podemos unirnos a ellos, de todos modos demos gracias en nuestro corazón al Dios que vive en nosotros.

Oración:

Señor Santo, sigue con nosotros, llena nuestro corazón con el gozo de tu salvación, y abre nuestra boca para cantarte alabanzas. Amén.

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