EDIFICADO POR DIOS

En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios; y ustedes son. . . el edificio de Dios. (1 Corintios 3:90)

“Yo ayudé a edificar esa iglesia”, dijo con alegría el anciano señor. Había notado que los visitantes admiraban la bella estructura y sentía la necesidad de decirles que él había participado.

La iglesia de Dios no está hecha de ladrillos ni de bloques, sino de los creyentes en Cristo; su edificación comenzó en el Jardín del Edén cuando Dios proclamó la promesa del Salvador. El Espíritu Santo ha sido su contratista general a través de los años; su herramienta para la construcción es el evangelio en Palabra y sacramento. Por medio de las buenas noticias del perdón, el Espíritu obra en el corazón de las personas, las lleva a la fe y las une, como piedras vivas, a la iglesia eterna de Dios.

En cada lugar donde se proclame el evangelio, se construye la iglesia de Dios. Aunque nosotros no podemos programar ni predecir en cuál corazón va a obrar, el Espíritu Santo edifica por medio de la Palabra. Cuando se proclama el evangelio desde el púlpito o desde la mesa de trabajo; cuando las personas leen la Biblia o un tratado; cuando se proclaman las buenas noticias en alguno de los medios electrónicos de que disponen los adultos y los niños, el Espíritu Santo obra. A través de nuestro país y alrededor de nuestro globo terráqueo, dondequiera que se proclama el evangelio, Dios está edificando su iglesia. “El edificio de Dios” no es simplemente una verdad teológica abstracta; ese es mi consuelo. Le doy gracias a Dios por su obra en mi corazón. Es un inmenso regalo de su gracia que yo sea parte de su iglesia.

Oración:

Te pido, Señor Dios, que tu Santo Espíritu me conserve siempre como parte del edificio de tu iglesia, por medio del evangelio. Amén..