EL PRIMER PENSAMIENTO DEL DÍA

¡Dios, Dios mío eres tú! ¡De madrugada te buscaré! Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela en tierra seca y árida donde no hay aguas.

– Salmo 63:1 (Reina-Valera 1995)

«No por mucho madrugar amanece más temprano», reza el refrán para recordarnos que no es el afán el que da éxito. El rey Salomón nos presenta un pensamiento similar cuando escribe: «En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde, para comer un pan de fatigas, porque Dios concede el sueño a sus amados» (Salmo 127:2). «Me fijé que en esta vida la carrera no la ganan los más veloces, ni ganan la batalla los más valientes; que tampoco los sabios tienen qué comer, ni los inteligentes abundan en dinero, ni los instruidos gozan de simpatía, sino que a todos les llegan buenos y malos tiempos» (Eclesiastés 9:11). Esto significa que tampoco nuestras oraciones son más dignas de ser oídas por madrugar para hacerlo.

Dios quiere el primer lugar en nuestra vida y así lo enseñó Jesucristo cuando dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento» (Mateo 22:37-38, RV1960). Tal amor demanda que nuestro primer pensamiento del día esté dedicado a él, y por eso mismo, a buscarlo temprano en el día para adorarle en oración. Lastimosamente, la verdad es que las más de las veces acudimos a Dios solo cuando nuestros problemas nos agobian. No lo buscamos como nuestra primera opción sino como nuestro último recurso. Eso está muy mal y es un pecado contra el Primer Mandamiento. No tener otros dioses significa «temer, amar y confiar en Dios sobre todas las cosas». Cualquier cosa en la que confiamos antes que en Dios se constituye en un ídolo que trae sobre nosotros toda la ira de Dios.

Todos hemos confiado en algo más que en Dios. Por la misericordia de Dios, Jesucristo no solo madrugó para orar en adoración, siempre puso a Dios en primer lugar cumpliendo perfectamente el Primer Mandamiento en lugar de nosotros. Cuando fue a la cruz sufrió, por nosotros, el castigo que merecemos por confiar, temer y amar otras cosas antes que a Dios. Los creyentes, en gratitud vamos a querer amar, temer y confiar en Dios sobre todas las cosas. Él será nuestro primer pensamiento del día. Vamos a querer, primero que nada, buscarle en oración para adorarle.

Oración:

Señor, concédeme amarte, temerte y confiar en ti sobre todas las cosas, de tal manera que tú tengas el primer lugar en mi vida. Amén