MI ARMA SECRETA

En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. Salmo 119:11

“Aprendan de memoria estos pasajes de la Biblia”, insistía el pastor en mi clase de confirmación; “nunca se sabe cuándo los van a necesitar”. No se refería solo a dar testimonio ante otros, también se refería a cuando tuviera que defenderme contra los ataques del pecado.

El salmista está de acuerdo; él dice que atesora la Palabra de Dios en su corazón. Note que no dice que la atesora en la cabeza; el conocimiento cerebral de la Palabra de Dios es como un rifle de juguete que no puede disparar. El conocimiento del corazón es algo real, cargado con munición real, siempre listo para disparar cuando el diablo ataca. Cuando Satanás tiene una escaramuza conmigo, no tiene ningún efecto que yo le diga: “apártate”; pero cuando levanto el rifle de la Palabra de Dios, él se agacha para cubrirse. Como ocurrió con Jesús cuando fue tentado por Satanás en el desierto, mi mejor arma es: “Está escrito”.

La Escritura no exagera cuando dice que la vida cristiana es una guerra diaria. Los soldados que van a la batalla quieren las armas adecuadas; y yo también. El pastor tenía razón cuando me insistía en que memorizara esos pasajes bíblicos, porque son mis armas secretas contra los constantes ataques del pecado. Las únicas balas efectivas contra el diablo son las que proceden de Cristo. Satanás ataca, sobre todo, mi fe en el Salvador, por eso necesito cada versículo que pueda tener sobre mi plena salvación en Jesús para disparárselos al diablo.

Oración:

Señor, te pido que me armes con tu Palabra, que me ayudes a atesorar sus palabras en mi corazón y a usarlas cuando sea atacado. Te pido esto en el nombre de Jesús. Amén.