¿TRABAJAR? ¿PARA QUÉ?

¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida”. Lucas 12:20

Este mes, en el que nuestra nación celebra el Día del Trabajo, es la ocasión para hacer esta pregunta: ¿Para qué estoy trabajando? ¿Es por cuánto puedo obtener, o por cuánto puedo conservar?

Jesús dice que el hombre de la parábola es un “necio”, no por su labor, sino porque en todo lo que hablaba las palabras principales eran “Yo” y “mío”. Ese hombre solo pensaba en cuánto podía conseguir. Y la misma tentación está ahí para nosotros: ingerimos alimentos enriquecidos con vitaminas, conducimos autos con aire acondicionado, vemos programas de televisión emitidos a muchos kilómetros de distancia, nos deshacemos de nuestras ansiedades tomando píldoras, morimos sin ningún dolor por los medicamentos modernos, y nos llevan a descansar en cementerios que parecen parques. Tenemos todas esas cosas, y la mayoría de ellas son buenas; pero, ¿de qué me sirve la vida si gira solo alrededor de esas cosas?

El rico dijo, refiriéndose a sus bienes: “diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años”; pero Dios dijo: “Esta misma noche te van a reclamar la vida”. Con todos sus bienes, ese hombre no podría prolongar su vida ni un solo segundo, ni pagarle a Dios uno solo de sus pecados, ni comprar un solo centímetro cuadro de cielo. Ese hombre hizo la pregunta incorrecta: la pregunta sobre obtener, en lugar de conservar. ¿Y qué pasa conmigo? Ser rico delante de Dios significa atesorar el perdón que él ha preparado para mí en Cristo, utilizar mis tesoros terrenales para la difusión de su Palabra, esperar con alegría mi rica herencia con él en el cielo. ¿Trabajar? ¿Para qué? La pregunta es sencilla, engañosamente sencilla. La respuesta es seria, eternamente seria.

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Oración:

Señor Dios mío, te pido que me des la respuesta correcta en el Salvador Cristo Jesús. Amén.