EL JUICIO IMPARCIAL

No sean parciales en el juicio; consideren de igual manera la causa de los débiles y la de los poderosos. No se dejen intimidar por nadie, porque el juicio es de Dios. Los casos que no sean capaces de resolver, tráiganmelos, que yo los atenderé.

– Deuteronomio 1:17

En muchos países existen los jueces ciudadanos. Son personas que no tienen preparación profesional en cuestiones judiciales, pero que son convocados para participar en los juicios como jueces porque se entiende que el ser humano por lo general distingue lo correcto de lo incorrecto. Tras salir de Egipto, Moisés organizó la vasta multitud del pueblo de Israel en grupos a los que asignó gente experimentada para que les sirvan como jueces a fin de conciliar los pleitos. A estos les encargó que sean imparciales con todos, es decir, que no haga acepción de personas.

¿Significa eso que sólo esos jueces deben ser imparciales? ¡No! Dios quiere que cada persona de su pueblo sea imparcial. Por esto Santiago nos exhorta: «Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. […] Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley que nos da libertad, porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión. ¡La compasión triunfa en el juicio!» (Santiago 2:1,12-13).

La Biblia no admite dos estándares: uno muy alto para los líderes y otro más relajado para los demás. Pablo dice que «el obispo debe ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar; no debe ser borracho ni pendenciero, ni amigo del dinero, sino amable y apacible. Debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto; […] Los diáconos, igualmente, deben ser honorables, sinceros, no amigos del mucho vino ni codiciosos de las ganancias mal habidas. Deben guardar, con una conciencia limpia, las grandes verdades de la fe. […] las esposas de los diáconos deben ser honorables, no calumniadoras sino moderadas y dignas de toda confianza» (1 Timoteo 3:2-11). Eso significa que se espera que todos los creyentes tengan tales cualidades, pero en los líderes ha de ser indudable que sí las tienen.

Lastimosamente debido a nuestra herencia pecaminosa ninguno es perfecto en estas cualidades. Delante de Dios todos necesitamos reconocer nuestro pecado. Solo gracias a la doble sustitución efectuada por Jesucristo somos declarados justos. En gratitud vamos a querer ser imparciales en nuestro trato con los demás sin hacer acepción de personas en nuestros juicios.

Oración:

Señor, concédeme, mediante tus medios de gracia, una fe viva por la cual pueda amarte, temerte y confiar en ti sobre todas las cosas, de tal manera que tú tengas el primer lugar en mi vida y que mi prójimo sea tan importante para mí como tú quieres que lo sea. Amén.

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.