“Dios muestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Con mucha más razón, ahora que ya hemos sido justificados en su sangre, seremos salvados del castigo por medio de él. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, mucho más ahora, que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida” (Romanos 5:8-10).

PERMANECEMOS SEGUROS EN LA GRANDEZA DEL AMOR DE DIOS 

¡Cuán grande es el amor de Dios por nosotros! Nos salvó de la culpa y de la condenación. Ha abierto las puertas del cielo y nos llama para que entremos.

Pero algunas veces nos preguntamos si Dios realmente nos ama. ¿Cómo puedo estar seguro de que Dios quiere que yo sea su hijo? ¿Cómo puedo estar seguro de que está en paz conmigo?, nos preguntamos.

No tenga miedo. Pablo se anticipó a las inquietudes de usted y las contestó en la lectura de hoy. Tal vez él también tenía estas preocupaciones.

Siga la lógica de Pablo. Él comienza exponiendo la acción mayor y concluye con la menor. En el primer versículo de nuestra lectura, Pablo explica el gran acto que realizó Dios. Mostró su amor por el mundo enviando a su Hijo, el Cristo, a morir por nuestros pecados. Lo hizo “cuando aún éramos pecadores”. No había absolutamente nada bueno en nosotros. Éramos repugnantes con nuestro pecado. No podíamos ofrecerle nada, absolutamente nada que nos hiciera por lo menos un poquito adorables. Sin embargo, debido a su amor murió por nosotros.

Pablo expresa que Jesús murió por el mundo —declaró al mundo inocente debido a su obra — cuando éramos pecadores. Ahora que la obra de justificación de Cristo está hecha, ¿puede haber alguna duda de que en el día final estaremos delante de Dios en Cristo? No, no hay ninguna duda.

Entonces Pablo repite lo que acaba de decir en términos ligeramente diferentes. Explica que éramos enemigos de Dios, no solo pecadores sino que odiábamos a Dios, y en ese tiempo Dios nos reconcilió con él mediante la muerte de su Hijo. En Cristo, Dios declaró estar en paz con un mundo lleno de enemigos. Ya que esto es así, ¿puede haber alguna duda de que seremos salvos de la ira? Ya que Dios tomó la iniciativa hacia sus enemigos, envió a su Hijo a quitar los pecados de sus enemigos, y ahora está en paz con nosotros, ¿puede haber alguna duda de que por medio de la fe en esta paz iremos al cielo? No, no hay ninguna duda. Toda duda relacionada con el amor de Dios por nosotros se ha disipado.

Oración:

Querido Señor, puesto que nos salvaste cuando éramos enemigos, no hay duda de que nuestra salvación es segura. Amén.