LA MEMORIA, ¡UNA GRAN HERRAMIENTA!

En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. […] En tus preceptos medito, y pongo mis ojos en tus sendas. En tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré tu palabra.

– Salmo 119:11,15-16

Una anciana señora, que padecía el mal de Alzheimer, prácticamente lo había olvidado todo. No recordaba a sus amigos, ni a su familia, ni aún a su esposo con quien vivió casada los últimos 60 años. No podía recordar ni siquiera lo que terminó de almorzar hace 15 minutos. Sin embargo, recordaba perfectamente los Diez Mandamientos, el Credo, la oración del Padrenuestro, los medios de gracia y que ella tenía libre acceso al cielo por los méritos de Jesucristo, su doble sustituto. No olvidó nada de eso que había aprendido en sus primeros años de vida. Aunque olvidó muchas cosas importantes, no olvidó lo esencial, las verdades bíblicas que aprendió desde su más tierna infancia.

A muchos les espanta la idea de memorizar pasajes de la Biblia. Hoy, con una aplicación de Biblia en nuestros modernos dispositivos, encontrar cualquier versículo es muy fácil, por tanto la memorización parece ser una práctica obsoleta. Pero no lo es. Ninguno se arriesgaría a ser operado del corazón por un médico que no ha memorizado cada tendón, vena y arteria que debe cortar y luego unir. La vida eterna es mucho más importante que la vida terrenal. Si estamos conscientes de la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida espiritual, entonces estaremos de acuerdo con el profesor y pastor John F. Brug quien, comentado este salmo, escribió: «la Palabra de Dios debe ser: leída, estudiada, meditada, y memorizada, para que esté guardada en nuestro corazón cuando nos sea necesario usarla».

Nunca podremos obedecer perfectamente la voluntad de Dios que ordena atesorar su Palabra con todo el corazón, la mente y el alma. Pero Jesucristo sí lo hizo en lugar de nosotros. La ley exigía que la Palabra sea memorizada y repasada continuamente: «Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades» (Deuteronomio 6:6-9). Los cristianos, en gratitud por tal amor, queremos seguir atesorando la Palabra del Señor y queremos ayudar que nuestros niños también lo hagan. Lutero escribió su Catecismo Menor para ayudar a los padres a alcanzar ese propósito.

Oración:

Señor, que me creaste con la facultad de memorizar, concédeme llenar mis pensamientos con los tuyos. Amén.