EL REINO ETERNO

En los días de estos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que jamás será destruido ni entregado a otro pueblo, sino que permanecerá para siempre y hará pedazos a todos estos reinos.

—Daniel 2:44

¿Recuerda usted cuáles fueron los grandes imperios de la historia? Heredamos mucho de aquellas grandes naciones: de los egipcios nos vino la cerveza y los cosméticos; de los cananeos el alfabeto y el comercio; de los babilonios las matemáticas y la hora de 60 minutos; de los griegos la filosofía y de los romanos el derecho, además de muchas otras cosas.

El rey Nabucodonosor tuvo un sueño. Cuando llamó al profeta Daniel para que le explicara el significado, éste le dijo que existirían cuatro grandes reinos antes que venga el reino eterno. El primer reino era el del propio Nabucodonosor, Babilonia. El segundo fue el Medo Persa. El Greco Macedónico fue el tercero. El cuarto es el Imperio Romano. En tiempos del Imperio Romano surgió el reino eterno del que hablaba Daniel y no es otro que el reino de Jesucristo. Este reino profetizado por Daniel, Juan el Bautista y por el mismo Jesucristo, comenzó cuando vino el Espíritu Santo en pentecostés (Hechos 2:29-36). Desde entonces, y a lo largo de los siglos, se ha expandido victoriosamente por todo el mundo sin usar la violencia ni el derramamiento de sangre, sino liberando las conciencias de la culpa y del poder del pecado. ¿Cómo? Por medio del poder del evangelio. Cristo dijo que su reino no es de este mundo; eso significa que su reino es espiritual. El reino de los cielos no es otra cosa que la iglesia universal invisible. Cristo reina en los corazones de sus súbditos por medio de la Palabra. Así, la iglesia con su poderoso mensaje ha llenado el mundo entero destruyendo el poder del diablo y salvando a la gente para constituirlos en la familia celestial del Padre.

Este reino completará su total victoria el día del juicio final. Ese gran día, Dios enjuiciará y aplastará de una vez por todas a todo lo que se oponga a su gobierno de gracia, y llevará consigo a su pueblo ante su presencia para gobernarlo para siempre. El apóstol Juan nos dice que él escuchó a «grandes voces en el cielo, que decían: «Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos».» (Apocalipsis 11:15, RV95).

Oración:

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, tú que eres y que eras, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar. Las naciones se han enfurecido; pero ha llegado el día de tu ira, el momento en que has de juzgar a los muertos; y darás la recompensa a tus siervos los profetas, a tu pueblo santo y a los que honran tu nombre, sean grandes o pequeños y destruirás a los que destruyen la tierra. Amén.

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