“A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos’. Entonces mandó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era Jesús, el Cristo”(Mateo 16:19,20).

CONFIESE A JESÚS A TODO EL MUNDO 

Con frecuencia oímos que Jesús dice a alguien que no diga algo a nadie. Le dijo a la gente que sanó que no se lo dijera a nadie. Les dijo a sus discípulos que no dijeran a nadie que era el Cristo. Les dijo a Pedro, a Jacobo y a Juan que no dijeran a nadie lo que pasó en el monte de la Transfiguración.

¿Por qué? ¿Por qué Jesús actuó como si estuviera ocultando algo? Porque así fue. Quiso ocultar su gloria y su majestad divinas. Quiso poner énfasis en el motivo principal que tuvo para venir al mundo —para sufrir y morir por nosotros.

No había venido para glorificarse a sí mismo en la tierra. Todo lo que Jesús hizo en la tierra fue para la gloria del Padre celestial. Esto es muy importante para nosotros, porque fue una parte importante de la obediencia de nuestro Salvador. Guardó el Primer Mandamiento perfectamente para que pudiéramos tener esa obediencia acreditada a nosotros.

Ahora la situación ha cambiado. Jesús ya no nos dice que guardemos silencio acerca de él, incluso si los cristianos algunas veces actúan como si él quisiera que lo guardáramos. Jesús quiere que confesemos su nombre a todas las personas que podamos.

Quiere que hablemos a los miembros de nuestra familia, a nuestros amigos, vecinos, compañeros de trabajo. Quiere que lo confesemos dondequiera que nos dé la oportunidad de hacerlo.

Nuestro Salvador quiere que confesemos su nombre en cualquier forma que podamos. Puede ser en los contactos informales que hagamos. Puede ser en los esfuerzos de evangelismo organizado de nuestras congregaciones. Puede que no tengamos mucho ingenio y seamos torpes para hablar. Aun así, debemos hablar y confiar en que el Espíritu Santo bendice nuestras palabras.

Pero también podemos confesar al Salvador de otras maneras. Podemos ayudar a otros a confesar el nombre de Jesús. Un comité evangelizador necesita visitantes, personas que toquen a las puertas y gente que hable por teléfono. Pero también necesita personas que escriban y mecanografíen materiales, llenen y cierren sobres, y distribuyan folletos. Sus oraciones son importantes, tanto para el éxito de la confesión de la congregación como para los misioneros que están trabajando en su nombre. No olvide la importancia de las ofrendas generosas que nos permiten confesar el nombre del Salvador por todo el mundo.

Oración:

Querido Salvador, te alabamos por la grandeza de tu nombre, la maravilla de tu sacrificio, la majestad de tu persona y la belleza de tus dones. Ayúdanos a confesar tu nombre a todo el mundo. Amén.

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