ES FALSA SANTIDAD PROHIBIR LO QUE DIOS NO PROHÍBE

Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe, […] Harán caso a gente hipócrita y mentirosa, cuya conciencia está marcada con el hierro de sus malas acciones. Esta gente prohíbe casarse y comer ciertos alimentos que Dios ha creado para que los creyentes y los que conocen la verdad los coman, dándole gracias.

– 1 Timoteo 4:1-3 (Dios Habla Hoy)

Mucha gente se imagina que la santidad se evidencia en aquello de lo que uno se abstiene. Pablo menciona hipócritas que prohibirán casarse y comer de ciertos alimentos. El judaísmo prohíbe comer carne y queso en el mismo plato y también usar el nombre de Jehová. El catolicismo prohíbe a los sacerdotes casarse. Los adventistas prohíben comer carne. Los mormones prohíben beber café. Una gran mayoría de iglesias evangélicas prohíbe bautizar a los niños. Ninguna de las cosas mencionadas es prohibida por Dios. No hay ni un solo versículo bíblico que prohíba administrar el bautismo en agua a bebés y niños. Tampoco hay justificación bíblica para impedir el matrimonio de los sacerdotes católicos y mucho menos para abstenerse de comer carne o beber café.

Es posible que uno decida no comer carne ni beber café porque considera que así cuida mejor su salud y si así es no hay ningún problema. Pero presentar estas prohibiciones como si fueran cosa que Dios prohíbe es un gran pecado contra el Primer y Segundo Mandamientos. El Primer Mandamiento ordena no tener otros dioses. Prohibir algo enseñando que Dios lo prohíbe cuando él no lo hizo es colocarnos en lugar de Dios. También es hacer mal uso de su nombre. Dios está enojado con quienes proceden de esa manera. La ira de Dios también está en contra de quienes se sujetan a esas prohibiciones pensando que así honran a Dios (Marcos 7:7).

Por causa de nuestro viejo Adán nosotros también somos culpables de este pecado pues según la Biblia: «El que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda» (Santiago 2:10). Por esto merecemos toda la ira de Dios. Gracias por Jesucristo quien en sustitución nuestra honró perfectamente a Dios y a su nombre y también por nosotros padeció el castigo eterno en la cruz. En gratitud vamos a querer guardarnos de prohibir lo que Dios no ha prohibido.

Oración:

Amado Señor, no merezco tu amor y misericordia. Pero tú amas incondicionalmente, a pesar de que he sido un miserable pecador. Por los méritos de tu Hijo me has declarado justo. En gratitud quiero vivir en verdadera santidad sin añadir ni quitar nada a tu Palabra y sin prohibir lo que tú no prohibiste ni mandar lo que tú no has mandando. Te suplico que me guardes de caer en tales tentaciones. Amén.