(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Reyes 15:33–16:20, Juan 6:65–71)

LA CAUSA DEL AMOR

Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.

—1 Juan 4:19

Jesucristo enseñó: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” […] Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.» (Mateo 22:36-40). Así enseñó que la voluntad de Dios es que lo amemos y que amemos a nuestro semejante. Sin embargo, los seres humanos somos incapaces de amar como Dios lo exige, es decir, amar perfectamente (Mateo 5:48). ¿Cómo así?

¿Acaso Dios mandaría a los hombres hacer algo que les es imposible cumplir? Pelagio, monje británico que vivió entre los siglos cuarto y quinto después de Cristo (aprox. 360–420), creía que Dios no ordenaría al ser humano nada que le sea imposible y que el pecado de Adán no afectó a sus descendientes de tal manera que el ser humano puede por sí mismo buscar a Dios, amarlo y amar a su prójimo como Dios lo manda. También enseñó que el hombre se vuelve malo por causa del mal ejemplo. Puesto que la posición de Pelagio es totalmente contraria a la enseñanza de la Biblia, los cristianos de aquél tiempo lo declararon heresiarca (persona que cree y enseña herejía). Para Pelagio y sus seguidores Dios ama a los que le amaron primero.

Cuando Dios creó a nuestros primeros antepasados, Adán y Eva, los hizo con una mente, un corazón y una voluntad capaz de adorar a Dios. Después de la Caída la mente humana quedó oscurecida y sometida a pensamientos perversos, como Pablo lo dice: «La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo.». El corazón, que fue creado para amar a Dios, se corrompió de tal manera que codicia lo malo y es esclavo de las bajas pasiones y la voluntad humana quedó bajo el control de las tinieblas. En otras palabras el ser humano quedó depravado totalmente (Romanos 8:7; 1:28). En esas circunstancias el ser humano es incapaz de amar con amor ágape (el amor que da al otro lo que necesita en vez de lo que merece). Pero Dios nos amó y se hizo humano para redimirnos. Jesucristo amó perfectamente en lugar nuestro y sufrió el castigo que merecemos por nuestro pecado. Por causa de esos méritos somos perdonados y reconciliados con Dios. En gratitud vamos a querer amar a Dios y a nuestro prójimo.

Oración:

Señor, gracias te doy por cuanto me amaste siendo yo tu enemigo. Enviaste a tu Hijo para que como mi sustituto obedezca en lugar de mí y en la cruz pague mi pecado. No puedo amar perfectamente como tú lo mandas. Pero por los méritos de tu Hijo tú cuentas mi amor imperfecto como si fuera perfecto. Te suplico que por tus medios de gracia me afirmes en la fe de modo que mi amor crezca. Amén.

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