VIDA: PARA TRABAJAR PARA CRISTO

Se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo. Filipenses 1:13

El gran apóstol ya no podía seguir plantando nuevas congregaciones misioneras ni preparar más obreros misioneros; pero todavía podía hablar sobre Jesús. Y lo hizo. Cada seis u ocho horas se relevaba el guarda a quién Pablo permanecía encadenado. ¿A cuántos guardias les habló Pablo sobre el Salvador durante los dos años que estuvo bajo custodia en Roma? Satanás pensó que el encadenamiento de Pablo podía restringir su predicación de Cristo; pero, al contrario, Pablo lo utilizó como otra oportunidad para trabajar para Cristo.

No solo el pastor tiene un púlpito desde el cual proclamar a Cristo; también yo tengo uno. Mi púlpito se llama vida cotidiana. Cada medio día el autobús interestatal se detenía en la misma ciudad para un receso de 45 minutos para el almuerzo. La política de la compañía prohibía que el conductor les señalara algún restaurante específico a los pasajeros; sin embargo, este conductor solía decir: “Si alguien me necesita, voy a estar disfrutando de un delicioso almuerzo en el restaurante de primera clase de Antonio, impecablemente limpio, al otro lado de la calle.” Y esta publicidad indirecta llenaba de viajeros hambrientos el restaurante de Antonio.

Dondequiera que Dios me ha puesto, puedo anunciar a Cristo. A veces eso implica palabras, dar testimonio sobre el único Salvador a personas que conozco y a personas que no conozco. Eso siempre implica mi vida diaria; por la manera como hablo y camino, como trato a mi cónyuge, como trato a mis hijos, y de otras mil maneras, como Pablo, puedo trabajar para Cristo. Mi camino es hacia el cielo, pero en el camino hay trabajo que hacer.

Oración:

Señor, hazme un testigo fiel de mi Salvador para que otros puedan caminar conmigo al cielo. Amén.