DIOS RESPONDE A HABACUC

Jehová me respondió y dijo: «Escribe la visión, grábala en tablas, para que pueda leerse de corrido. Aunque la visión tarda en cumplirse, se cumplirá a su tiempo, no fallará. Aunque tarde, espérala, porque sin duda vendrá, no tardará. Aquel cuya alma no es recta se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.»

—Habacuc 2:2-4, Reina Valera 1995

¿Recuerda usted qué es el orgullo pecaminoso? Entre los cristianos la expresión «orgullo pecaminoso» se usa para hacer referencia a la muy buena opinión que tenemos de nosotros mismos respecto a nuestra situación espiritual. Nacemos con la tendencia a pensar que somos buenas personas, que fallamos a Dios de vez en cuando pero que, en definitiva, no somos tan malos como otros lo son. Esta idea da lugar a que pensemos que con cumplir algunos requisitos y poner de nuestra parte ya tenemos acceso al perdón divino y a la dicha celestial.

La Biblia está absolutamente en contra de lo que el orgullo pecaminoso nos hace creer. Dios exige que seamos igual de perfectos a él, y no menos que eso (Mateo 5:48). Desde la perspectiva de Dios no somos perfectos, ni siquiera buenos y mucho menos mejores que los más malvados (Romanos 3: 10-12, 22; Santiago 2:10). Por eso merecemos padecer toda la ira de Dios en el infierno eterno, consumidos por el fuego y carcomidos por el gusano que no muere. (Isaías 66:24). Pero Dios, en su misericordia, envió a su Hijo Jesucristo para salvarnos como nuestro doble sustituto: él obedeció perfectamente todas las exigencias de Dios. Esa obediencia nos es atribuida a nosotros gratuitamente por medio de la fe que el evangelio produce en nosotros, los pecadores. De igual modo, Cristo padeció, en la cruz, toda la ira de Dios en lugar de nosotros (Romanos 5:18-19; 1 Pedro 2:23)

Todo lo que Cristo hizo nos es atribuido a nosotros para nuestra salvación. La obra de Cristo es completa y no necesita que se le añada ningún mérito, esfuerzo o acción nuestra para que nos beneficiemos de ella. Tampoco podemos hacer nada para contribuir a nuestra salvación pues, espiritualmente, estamos muertos en delitos y pecados. Un muerto no puede hacer nada para salvarse. (Efesios 2:1,5-6). Gracias a Dios, lo que Cristo hizo por nosotros como nuestro sustituto es suficiente. En gratitud vamos a querer confiar en lo que Cristo hizo y es para nuestra salvación y no confiar en ninguna cosa que nosotros hayamos hecho. De eso trata la respuesta que Dios dio a Habacuc: «el justo por la fe vivirá».

Oración:

Padre celestial, que infundes en nosotros el deseo de hacer las cosas que te placen: Confirma, te suplicamos, la obra que has empezado en nosotros, a fin de que, permaneciendo en la comunión de tu iglesia y en la verdadera fe, ninguna falsa doctrina, ninguna pasión de la carne, ni amor al mundo, nos aparten de Ti ni de la verdad que confesamos: «el justo por la fe vivirá» Amén.

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