SOLA SCRIPTURA

Tu palabra es la verdad. Juan 17:17

Los artistas han pintado muy pocas veces a Martín Lutero sin el Libro. Desde el monumento de Schadow en el mercado de Wittenberg hasta el famoso retrato de Cranach, Lutero se muestra con la Biblia en sus manos.

Por una buena razón: ¿Recuerda aquel día en Worms, el 18 de abril de 1521? Llenando el vestíbulo estaban los políticamente poderosos de la iglesia y del estado, y un humilde monje procedente de Wittenberg. Cuando le preguntaron si se retractaba de algo de lo que había escrito, el monje respondió valientemente: “Si no me instruyen y me convencen con evidencia de las Sagradas Escrituras, o con razones abiertas, claras y distintas, -mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios- entonces no puedo y no me voy a retractar”. Y luego vino esa famosa frase: “Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén”.

Lutero permaneció en la Palabra, en toda ella, nada más y nada menos. Él decía lo que dice la Palabra; él enseñaba lo que enseña la Palabra; se oponía a lo se opone la Palabra. Su lema era “Sola Scriptura”: La Escritura y solo la Escritura.

¿Y qué hay de mí? ¿Estoy dispuesto a someter mis caprichos personales y a obedecer lo que dice la Escritura? ¿Estoy listo a exigir que mi iglesia no enseñe nada distinto de lo que dice la Escritura? ¿Entiendo que arrancar cualquier página de la Escritura hace sospechar de todas las otras páginas? ¿Me doy cuenta de que atacar alguna parte de la Escritura es atacar su enseñanza central de la salvación por medio de Jesús? “Aquí estoy”, dijo Lutero, señalando el sólido cimiento de la verdadera Palabra de Dios.

Oración:

Señor Dios, te pido que me ayudes a hacer lo mismo. Amén.